Rosario entra al cuarto donde Tomás duerme. Fue operado para quitar la bala de su cuerpo. Por suerte para él, la bala no tocó ningún órgano vital, lo que deja su caso como fuera de riesgo vital, aunque bien no se encuentra del todo. La mujer se acerca a la cama y coge su mano libre de agujas. ―Tomás, estarás bien, tienes que ponerte bien. El hombre aprieta la pequeña extremidad con dificultad. ―Rosario ―murmura. ―No hables ―pide ella―, debes descansar. ―Viniste. ―Claro que sí, Luis me fue a buscar. ―¿Rodrigo? ―Lo dejé con Luis, él lo está cuidando. Tomás no ha abierto los ojos, a pesar de que lo que más anhela es ver los ojos de la mujer. No es capaz de hacerlo. ―Descansa, Tomás, deberías estar durmiendo. ―Quiero verte. ―No me moveré de aquí, ya me verás, cuando te s

