Capítulo 5 Hacernos sentir bien

911 Palabras
Por más loco que todo hubiera sido hasta este punto, nunca imaginé verme en una situación así. No podía decir que me desagradara; al contrario, resultaba placentero estar desnuda y adorada por los cuatro. Sobrenaturales o no, era imposible negar lo apuestos que eran y lo mucho que me atraen. Kaelrum tomó el mando, colocándose encima y penetrando mi sexo con una autoridad que me arrebató el aliento. Vorenn lo hizo desde atrás, reclamando cada espacio que parecía conocer mejor que yo misma. Aeshar llevó su m*****o hasta lo profundo de mi garganta con una necesidad que competía con su lujuria, mientras Sethian guiaba mis manos hasta su hinchada longitud, asegurándose de que no lo dejara de lado y lo masturbara con ellas. —Te extrañé… te extrañamos tanto —murmuró Sethian, y mi piel reaccionó antes que mi mente. —Sabes que todos vamos a rotarnos para reclamar cada parte de ti, ¿verdad? —añadió Vorenn, con hambre. —Nos dejaste demasiado tiempo sin ti. Tendrás que compensarnos —dijo Aeshar, su voz tan tranquila que me desarmó más que cualquier arrebato. Kaelrum fue el único que no dijo nada. Solo continuo encima de mí, embistiendo mi interior con esa mirada que me hacía sentir la guerra que ardía en su interior, lista para arrasar conmigo. Y aunque intenté fingir control, fue inútil. Los cuatro me rodearon con una certeza que me quebró desde adentro. Sus manos comenzaron a recorrerme con un dominio que no admitía duda: Kaelrum y Vorenn se prendieron a mis pechos, cada uno succionando y jugando con mis pezones mientras continuaban embistiéndome. Sus manos firmes en mi cintura y mi cadera me mantenían anclada a ellos, guiándome a su ritmo y obligando a mi interior a amoldarse a sus miembros hinchados, que me abrían hasta lo inimaginable. —Abre los ojos, Elyra. Los cuatro queremos que seas testigo de cómo nos enloqueces —murmuró Aeshar, ronco de deseo. No quería que siguieran llamándome Elyra, pero en la posición en la que me encontraba no podía articular ninguna palabra. Aeshar seguía usando mi garganta, guiando mis movimientos con su mano enredada en mi cabello, marcando el ritmo que quería de mí. Aun así, encontré la forma de darle el único mensaje que realmente importaba: que no quería que ninguno de los cuatro se detuviera, incluso en su faceta más sucia y descarada. Mi cuerpo se tensó entonces, se arqueó, atrapado en el placer que me arrancaban, y exploté en un clímax que supe que los atravesó a ellos también, porque sus manos me sujetaron con más fuerza. Esa mezcla —dominación absoluta y entrega — me condujo a una segunda oleada de placer, una explosión que me sacudió como un arranque salvaje. Mis piernas flaquearon, pero sostenida por los cuatro, no caí. Pero la tercera… La tercera fue devastadora. Fue cuando sus toques se sincronizaron. Cuando sus manos apretaron mis muslos, mis caderas, mis pechos al mismo tiempo. Cuando me rodearon tanto que ya no supe dónde terminaba yo y dónde empezaban ellos. Sentí mi cuerpo tensarse, abrirse, ajustarse a la intensidad de ellos como si necesitara más, como si los incitara sin palabras a no detenerse. Como si mi respiración temblorosa fuera un comando. Como si cada estremecimiento dijera: no se atrevan a parar. Aquella explosión fue compartida sin que ninguno necesitara decirlo. Algo tan salvaje, que nos recorrió por igual. Kaelrum se vino dentro de mí como si la tensión que contenía por fin se quebrara; Vorenn dejó escapar un suspiro profundo, casi oscuro, al llenarme por detrás, Aeshar sujetó mi rostro y me hizo lamer hasta la última gota y Sethian terminó vertiendo su esencia sobre mis pechos Me desplomé entre ellos, temblando, sin aire, sin voz, sin noción del tiempo. Pero cuando abrí los ojos, Kaelrum y Vorenn ya se retiraban de sus posiciones, y Aeshar y Sethian tomaban su lugar. —No hemos terminado contigo —murmuró Aeshar, su voz ronca, cargada de posesión. —Ni lo haremos pronto —añadió Sethian. Mi cuerpo todavía temblaba por el encuentro anterior, pero la forma en que me miraban lo encendió todo de nuevo. Quería que aquello—lo que desafiaba cualquier lógica—siguiera dándome placer. Así que, aun sin fuerzas, me incliné hacia Aeshar y rocé sus labios con un beso. Él se detuvo un segundo, sorprendido por la iniciativa… y luego sonrió antes de corresponderme, como si hubiese estado esperando ese contacto desde hacía demasiado tiempo. Apenas nos separamos, Sethian reclamó mi boca sin pedir permiso, intenso, devoto en su oscuridad. Su forma de besarme tenía algo de promesa rota y otra de adoración peligrosa. Vorenn se acercó enseguida, atrapándome con un beso profundo, uno en el que nuestras lenguas se encontraron en un ritmo disputado, casi retándose por ver quién lograba llevar al otro más lejos, quién terminaba rindiéndose primero. Y cuando finalmente Kaelrum se inclinó hacia mí, no hubo delicadeza alguna. Su boca reclamó la mía con rudeza, mordiéndome el labio lo justo para arrancarme un pequeño jadeo. Su mano se enredó en mi cabello cobrizo con firmeza, llenado mi garganta al primer impacto. La mirada oscura de los cuatro me dejaba claro que no pensaba contenerse Senti así el momento exacto en que Aeshar y Sethian me penetraron con sus hinchados miembros y a Vorenn guiar mi mano para masturbarse con ella. Ninguno de nosotros necesitaba más palabras. Sabíamos exactamente lo que necesitábamos para hacernos sentir bien.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR