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652 Palabras

La noche es oscura. Silenciosa La habitación está sola y oscura, como yo. La copa se balancea entre mis dedos, medio vacía, como mi paciencia. El vino ya no me quema. Me acaricia, como ella solía hacerlo. Como Antonella. La maleta está lista. Ropa doblada, corbatas listas. Y zapatos listos. –No se que voy hacer cuando te vea. Quizás hacerte lo mismo. O tal vez, solo tal vez. Preguntar ¿Por qué? ¡Por qué mierda me disparaste!. Tú misma me pediste que me alejara de ti. ¡Que te dejara en paz! Aunque no quería eso. Tomo el móvil. La pantalla se enciende. Ahí está su rostro. Antonella. La mujer que me disparó. La mujer que me salvó. La mujer que me destruyó. Aprieto el teléfono. Lo beso. Lo dejo caer sobre la cama con rabia contenida. —Anto... Anto... Anto...— susurro, como un maldito l

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