Maldita sea. Volví a mirar el reloj. Otra vez. Las manecillas apenas se movían, como si el tiempo se burlara de mí. 07:47. ¿Cómo puede seguir siendo 07:47? Ajusté el reloj en mi muñeca, aunque ya estaba bien. Solo necesitaba hacer algo con mis manos. Las maletas estaban a mi lado, perfectamente alineadas, pero las moví de nuevo. Un centímetro a la izquierda. Otro a la derecha. Ridículo. Me sentía ridículo. —Me estoy volviendo loco. El aire era frío, parece que va a llover y a ansiedad. No me ayuda. Cada persona que pasaba frente a la entrada de la empresa parecía tener un propósito, y era mirarme. —¿Estás nervioso?— Salte y el se rió –¿Estas nervioso?— me preguntó Set. Lo miré. Tenia gafas oscuras, traje gris, sonrisa fácil. Negué con la cabeza. No iba a darle ese gusto. —¿

