No hubo preámbulos. No fue un beso suave. Fue una toma de posesión. Su boca se selló sobre su delicado clítoris con una presión experta, absorbiéndolo por completo en un vacío húmedo y caliente que le arrancó un alarido estridente. La lengua de Shura la devoró. Trazó círculos rápidos e implacables alrededor del sensible núcleo, para luego concentrarse en él con una presión firme y oscilante que la hizo gritar, arqueándose violentamente contra las cadenas que le mordían las muñecas. Cada tirón de sus labios, cada vibración de su lengua era una lección de sumisión. Una de sus manos se deslizó por sus muslos internos, sudorosos y temblorosos, abriéndola aún más con más fuerza, exponiendo cada centímetro de su intimidad palpitante a la luz roja y a su mirada hambrienta. La otra mano se p

