Jamás había hecho algo así. Ni se lo había permitido pensar. Creció bajo la mirada estricta de su padre, bajo los juicios de sus hermanas, bajo un código que nunca la dejó explorar su propio cuerpo. Y ahora, de pronto, estaba allí, ardiendo, mordiéndose los labios como una adicta que necesitaba su dosis. El recuerdo de Shura tirando suavemente de su collar, obligándola a alzar la barbilla, le recorrió la piel como una descarga. Ava gimió, apretando las piernas. Su respiración se volvió entrecortada. Bajó las manos lentamente, con timidez, hasta el borde de su vestido. Dudó. El corazón le martillaba como si alguien fuera a irrumpir en su cuarto y pillarla. Quizá Shura podía aparecer, pero su mente no pensaba bien. —Dios… qué estoy haciendo… —susurró. Sus dedos se deslizaron hasta el int

