Capítulo 2

1928 Palabras
  Dominik. Cierro la puerta una vez entro a mi departamento, hoy ha sido un día agotador, no me malinterpreten amo mi trabajo pero hoy especialmente ha sido uno de los días mas agotadores que he tenido. Camino por el espacio hasta llegar a mi cuarto y lo primero que hago es quitarme toda la ropa y meterme al baño, necesito urgente agua caliente, mis músculos están duros como la mierda de la tensión. Hay personas que piensan que la vida de un médico es fácil y no es así joder, a veces me encuentro preguntándome porque no estudie algo más fácil pero luego pienso que yo no sería yo si no fuera médico. Me enamoré de la medicina cuando estaba a punto de terminar la secundaria y Harry mi centrado mejor amigo se encargó de hacer que me enamorara más, el a diferencia de mi nació con esa pasión y más aun siendo su padre medico también. Realmente lo único que no se aun es porque decidí especializarme en ginecóloga y obstetricia, solo recuerdo que en mis años de internado vi un parto y supe que eso era lo que quería ser, puedo decir que experimento algo de felicidad cada vez que ayudo a traer un bebe al mundo, aunque sinceramente no me gustan los niños, simplemente los ayudo a salir y ya que continué con su trabajo el pediatra neonatologo. A veces me ha pasado por la mente la idea de consultar a un puto psicólogo o que se yo, mi personalidad es ridículamente extraña, soy obstetra y no me gustan los niños, me gusta salvar vidas y se puede decir que la mía esta jodida es todo muy confundo. Salgo de mis pensamientos cuando el agua empieza a salir fría y me retiro del baño, seco mi cuerpo mientras me visto algo cómodo, no estoy seguro de salir hoy. Voy a la cocina a buscar algo de comer, hoy casi no comí nada en el hospital y muero de hambre. Busco en la despensa en la nevera y nada, no hay nada que comer ¡Perfecto! seré idiota, hace más de dos semanas que no compro nada, seguro creía que la comida aparecería por arte de magia. Ruedo los ojos y salgo de la cocina, al hacerlo no puedo evitar que se cuele el pensamiento de cierta rubia  que tiene también esa maldita costumbre. No puedo evitar pensar que quizá y solo quizás la mayor parte de mi puto agotamiento se deba a lo que hizo esa intrusa conmigo hoy. Nunca ninguna mujer me había mandado a la mierda, ni me había enfrentado así, mayormente las termino intimidando pero esta es toda una fiera, y es curioso que me haya dicho que me metiera mi arrogancia por donde más me cupiera cuando la arrogancia de ella se asemeja a la mía. Tiene ese aire de superioridad que me parece excitante, no me pasó desapercibida la forma en la que miraba a Klara con altanería igual que como me miro a mi.  Cada cosa que me dijo me excito, nunca me habían enfrentado así y extrañamente me pareció interesante. Aisha...Aisha Me has retado y aun no te has dado cuenta, esto será muy divertido. Siempre me he cogido cuanta mujer he querido, más sin embargo nunca una del hospital. Estuve a punto de cogerme a Klara, sus coqueteos nunca pasaron desapercibidos pero me contuve conozco a las chicas como ella una vez me acostara con ella sería una molestia difícil de quitar. Sin embargo con esta tal Aisha me atrevo a romper esa regla y cogérmela antes de que se vaya se vuelta a su país, no puedo negar que esta buena es muy bonita. Mayormente me gustan las mujeres sin carácter, mujeres fáciles de dominar aunque debo admitir que me gustan con malicia y esta pequeña me supone un reto. Salgo de mis pensamientos y al fin decido pedir una pizza, la cual llega quince minutos después y solo me termino comiendo tres pedazos. La tensión mayormente me cierra el estómago. Tomo mi celular, voy a llamar a alguna de las mujeres que tengo entre mis contactos, necesito pasar un buen rato, reviso la lista y con la mayoría ya he follado y si hay algo que Dominik Thompson no hace es repetir dos veces con la misma mujer. En eso mi celular se ilumina con el nombre de Harry en la pantalla, contesto rápidamente mientras me pongo de pie y camino hasta mi habitación, esta noche paso de mujeres. —Ordene y mande —digo mientras llevo mi teléfono a la oreja. —Hey —dice mi amigo riendo a través del auricular— Necesito un favor tuyo, por eso te molesto a esta hora. —Sí, dime— contesto prestando atención. —Mañana tengo que ir a recoger a Elizabeth al aeropuerto y necesito saber si puedes cubrirme la mañana en urgencias— dice un poco ansioso. —Para tu buena suerte no tengo nada programado para la mañana así que si no hay problema. —Gracias, hermano, no sé qué haría sin ti —dice bromeando. —Apuesto a que morirías —contesto burlón. —Sí, claro, Dominik— se carcajea. —Hablamos luego, idiota, voy  a dormir— Cuelgo antes que conteste, estoy muy cansado necesito dormir.           Llego al hospital alrededor de las siete de la mañana y me voy directo a urgencias, estuve a punto de ir a mi área primero pero mejor no, iré en la tarde. La sala de urgencias se encuentra muy tranquila, normal en estas horas de la mañana. Saludo a algunos médicos y enfermeras de manera formal, no tengo que anunciarme ya he trabajado aquí antes y la mayoría del personal me conoce. Me dispongo a tomar la tensión arterial a una paciente que llego muy mal y al parecer la mujer sufre de hipertensión, indico la medicación y llamo a una de las enfermeras para que le administre el medicamento. Luego de estabilizar la paciente me retiro del cubículo. Cuando salgo veo a una de las internas, de lejos se ve que es de algún país de Latinoamérica y tengo que decir que es muy hermosa, me acerco lentamente a ella y le hablo. —Buenos días —digo mientras me acerco a ella, decido que seré un poco coqueto con ella — ¿Tu nombre es? — Le digo con una gran sonrisa. —Gretel, Doctor —dice tímidamente, parece muy asustada— Gretel Alcázar. —Gretel —digo repitiendo su nombre, esta chica se ve muy tranquila y sumisa pero se le ve demasiado inocente y eso no me resulta atractivo— Yo soy Dominik, pero aquí todos me dicen Doctor Thompson— digo con humor a lo que ella ríe. Sin decir más nos disponemos a trabajar, hubiera coqueteado más con la chica de no haber tendido ese aire de inocencia, Gretel es muy inteligente y al parecer tiene muchas ganas de aprender, se ha sumido tanto con el trabajo que la hora de almorzar llego y  ni se dio cuenta, le aviso que se puede marchar y me despido de ella mientras le informo que solo le estaba cubriendo la mañana a Harry. Salgo de urgencias y me voy directo al área de maternidad, he decidido que hoy seré un poco más amable con la rubia prepotente. Al llegar saludo a unos cuantos colegas mientras la busco con la mirada, al parecer la chiquilla no está, por la hora supongo que debe estar almorzando. Decido adelantar un poco de trabajo pero mi estómago ruge y decido ir a la cafetería por algo de comer, en el camino me encuentro con Harry. Avanzo hasta él y pongo una mano en su hombro—Harry amigo no me habías dicho que te toco trabajar con la latina en urgencias —digo para molestarlo, mi amigo es tan correcto que seguro no le ha echado el ojo. —Un momento— dice frenando de golpe— ¿Cómo sabes que es latina? —Harry, hombre por Dios —digo en tono dramático —No hay que ser un genio para saberlo, sólo mira su piel es muy bronceada y ese cuerpo que tiene. —Hey ¿¡Que te pasa!? — dice un poco enojado, algo pasa aquí esta reacción no es propia de el— Respeta, es muy irrespetuoso de tu parte decir eso. — ¿¡Que mierda Harry!? Siempre que te he dicho cuando una mujer es atractiva, siempre me has escuchado hablar de sus cuerpos y como me las follo— digo sin pena alguna. —Sí, pero siempre te las buscas de fuera. No en el entorno del hospital. —Tranquilo hermano, está no me la quiero follar— digo ahogando una risa, me equivoque cuando dije que tal vez mi amigo no le había tirado el ojo—Se ve muy inocente, sabes que ese tipo de chicas no me van. Veo el alivio en sus ojos y ahora si me dan ganas de partirme de la risa, pero me contengo y sigo mi camino. Luego de comer algo vuelvo a sala de partos, en cuanto entro la veo, trae el cabello recogido en una coleta alta y puedo ver mejor las facciones de su rostro, se encuentra limpiando sus lentes y luego se los coloca, ese gesto la hace ver inocente pero cuando levanta la mirada y sus ojos se encuentran con los míos todo rastro de inocencia se va por la ventana cuando me sonríe de manera coqueta y maliciosa, sin darme cuenta le sonrió de la misma forma y me acerco peligrosamente a ella. —Hola, Aisha—  digo en cuanto llego frente a ella. —Doctor Thompson —dice en forma de saludo, todo el mundo me llama así pero nunca se había escuchado tan excitante como ahora. — ¿Qué tal todo por aquí? — pregunto mirando fijamente sus ojos con tanta intensidad que Aisha aparta la mirada. ¡Si! La he intimidado. —Este —dice sin mirarme —Normal, creo. —Qué bueno que todo este normal— me acerco a ella y llevo un flequillo de cabello que se la escapado de coleta detrás de su oreja— Me gustaría que me ayudes en mi consultorio con algunos expedientes, si no estás ocupada claro. —No, no estoy ocupada —dice y me mira fijamente y con mucha seguridad mientras da un paso atrás, parece que ha descubierto mis intenciones. —Pues vamos —le indico que camine delante y ella lo hace sin dudar. Al caminar delante de mí me ofrece la maravillosa vista de su trasero  ¡Joder! la forma en la camina es malditamente sofocante, debería ser ilegal caminar así. Cuando hemos llegado al consultorio creo que tengo una leve erección y paso rápidamente por su lado y me tomo asiento detrás de la mesa, me revuelvo incómodo y ella me mira extrañado. —Aquí están los expedientes— digo y voz sale extraña ¡Mierda! soy un hombre, no tengo 15 años— Puedes sentarte donde mejor te parezca —digo y ella me mira extraño, espero que no se dé cuenta del problemita que me causo. —Como diga— dice y la muy maldita se sienta frente a mí, ahora mismo hasta verle las manos me resulta excitante. Ambos trabajamos en silencio, Aisha ha hecho todo lo que le he pedido perfectamente, sé que debería tenerla trabajando directamente con pacientes pero hoy fui poco profesional y la traje a mi consultorio para intimidarla hasta mas no poder y resulta que quien resulto intimidado fue mi amigo allá abajo. Pero mañana la pondré como mi asistente de cirugía en las cesáreas que tengo programadas. —Creo que es todo por hoy —digo cuando Aisha me entrega el último expediente. —Si es todo ya me voy, nos vemos mañana Doctor. — dice y se da la vuelta mientras yo me quedo mirando a la chica que sin tocarme y de solo ver su forma de caminar me ha provocado una erección.  
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