La primera noche del verano.
Todo comenzó hace cinco años, en una ciudad inusualmente grande llamada Silver Woods Town. Una ciudad cuyos alrededores estaban vallados por los más grandes bosques y zonas montañosas de los Estados Unidos. Montañas desde las que, en lugares específicos, se podía apreciar el hermoso panorama de aquella ciudad que atraía tantos visitantes por ser una atracción turística en muchos aspectos. Pues la ciudad no solo era conocida por estar rodeado de bosques y montañas sino también por haber sido reconocida como una maravilla de paraíso natural.
Una ciudad que sin lugar a dudas ocultaba muchos secretos y dejaba mucho que desear a todo aquel que pusiera un pie en ella por primera vez. E incluso a sus habitantes que después de tantos años, todavía no habían podido desenmarañar los grandes misterios que arropaban un lugar tan hermoso como ese.
Tyler Reese era un adolescente de quince años que cursaría su primer año de preparatoria. Un adolescente común y corriente como cualquier otro. Usaba gafas, su cabello alborotado y no era especialmente popular. Sobre todo con las chicas. Pero desde la otra esquina del aula de clases, una chica lo observaba curiosamente cada día sin que él lo notase. Su nombre era Sarah White. Ella era preciosa, inteligente, amable, socialmente activa pero sobre todo humilde y reservada.
Tyler tenía un mejor amigo. Su nombre era Sean. Ellos eran inseparables. Aun cuando Sean terminaba siempre arrastrando a Tyler hacia innumerables problemas, el chico lo seguía a todos lados, porque vamos, Sean era lo más divertido en su vida. Que a decir no era para nada interesante. Él no destacaba en nada en especial. Simplemente era bastante inteligente y prometedor, pero lo insuficientemente capaz de aplicarse para ser uno de los mejores alumnos de su clase.
Tyler llevaba toda su vida viviendo en Silver Woods Town. Desde que tenía memoria, vivía con sus padres no muy lejos de la preparatoria Woods, donde estudiaba. Su casa estaba relativamente cerca del bosque. Un lugar al que pocas veces se había atrevido a entrar, más que nada por el miedo a encontrarse con algún animal salvaje. Cosa que era realmente poco probable en esos bosques. Pero siguiendo las locuras de su mejor amigo, terminó metido en aquel lugar, bajo el velo de la noche. Un lugar que bajo la penumbra podía resultar simplemente aterrador para cualquiera, incluso para el más valiente.
Durante su primer mes en la preparatoria, sucedió algo terriblemente espeluznante. Una mañana, mientras Tyler y Sean desayunaban en la cafetería de la escuela, en el televisor sintonizaron el canal de noticias, donde informaban sobre el descubrimiento de un par de cadáveres brutalmente desmembrados, con marcas de garras y mordeduras. Mordeduras muy profundas.
Los cadáveres fueron identificados como Cecil Jones y Walter Riggs. Una joven pareja de dieciocho años que además de cursar su último año de preparatoria, resultaron ser los dos más populares de la escuela Woods. Siendo Walter la estrella del equipo de futbol americano, y Cecil la capitana del equipo de porristas. Fueron hallados en el bosque por unos corredores matutinos. Este suceso resultaba realmente extraño, ya que hacían más de treinta años que no se registraba un ataque animal en aquellos bosques. Pero eso no era lo único extraño que estaba sucediendo, ya que durante la primera semana de clases, se avistó un lobo gris.
- Oye Ty… ¿Qué clase de animal crees que pudo haber hecho eso? – Preguntó Sean y el muchacho se encogió de hombros - ¿Qué clase de animal tendría la fuerza para hacer semejante brutalidad? ¿Crees que haya sido el lobo?
- ¿Acaso importa? – Cuestionó un muy confundido Tyler mientras regresaba la mirada al pizarrón para seguir copiando en su cuaderno todos los apuntes que su profesor de historia estaba escribiendo en él.
- Claro que importa Ty… ¿Sabes cuánto hace que no se ve un lobo en California? – Pregunta casi con histeria y Tyler se encoge de hombros de nuevo, sin saber qué decirle. Pero Sean, él no creía que se tratara de un lobo gris - ¡Mucho!... Ty, mucho. Si determinan que fue un lobo lo que los atacó, entonces lo eliminaran y pasara a la historia como el último lobo visto en California. Yo personalmente lo dudo. Un simple lobo no tendría la fuerza para semejante acto.
- ¿Y si no está solo? – Preguntó Tyler desconcertando por primera vez a su amigo quien inmediatamente le mira pensativo casi creyendo en aquella posibilidad.
- Las probabilidades son muy pocas, pero… si ya apareció uno, es muy posible que haya otro. Debo admitir que de ser así, una manada de lobos tendría la fuerza necesaria para hacer todo eso.
La campana sonó anunciando el segundo periodo y ambos salieron a tomar un descanso para luego regresar al aula de clases en donde se encontrarían con el profesor de español. Por otra parte, Sarah se había ganado un lugar entre los populares. Uno que ella ni siquiera había pedido y que mucho menos le importaba. Aun a pesar de estar rodeada de chicos populares, ella por alguna extraña razón seguía fijándose en Tyler.
Pero, la conversación de los dos muchachos se había quedado en eso. Una simple conversación que se convertiría en un vago y efímero recuerdo. Al menos para Tyler porque Sean estaba más que dispuesto a desenmarañar el misterio sobre las muertes de esos dos chicos de preparatoria.
Finalmente las clases acabaron y con ello volvió el verano. Eso significaba vacaciones. Para celebrarlo, el nuevo capitán del equipo de futbol, iba a dar una fiesta en su casa. Toda la escuela estaba invitada. Eso incluía por supuesto a Tyler, Sean, y Sarah. Pero el tema de los ataques animales no quedó solo en aquellos dos chicos. Otras quince víctimas fueron registradas durante aquel trecho de tiempo. Y el lobo nunca fue encontrado por las autoridades o los guardabosques.
Tyler, arrastrado por Sean, asistió a aquella fiesta llena de adolescentes haciendo de todo. Pero ninguno de los dos sabía lo que le esperaba al chico aquella noche. Ni siquiera se les había pasado por la cabeza.
Poco después de llegar, Sarah alcanzó a ver a Tyler cerca de la piscina. Era su momento, el momento de hablar con él. Uno que tanto había esperado. Por alguna razón, a pesar de su increíblemente buen desempeño social, ella nunca hallaba la manera ni el momento para acercársele a Tyler, y era algo que había querido desde el primer día que lo vio en la escuela.
Por fin era su momento. Con un vestido azul hasta las rodillas, unas zapatillas negras muy sencillas y el cabello recogido con una pequeña coleta, la chica caminó con decisión hacia donde él se encontraba, solo conversando con Sean, casi como perdido. Como si estuviera en un lugar completamente desconocido, y no se hallara a sí mismo en dicho lugar. No parecía especialmente cómodo, y esa era la excusa perfecta que Sarah necesitaba para acercársele. Ella sabía que podía hacerlo sentir cómodo en aquel lugar si había aunque sea una persona dispuesta a bailar y conversar con él. Y ella estaba más que dispuesta.
- Hola… - saludó un poco tímida, a lo que Tyler la miró confundido, luego miró a todos lados pensando que le hablaba a otro – no, no, te hablaba a ti – dijo ella al notar su confusión – lo siento, creo que no nos hemos presentado aún, yo soy…
- Sarah Walcoth – completó el chico – se bien quien eres – le dijo agachando la mirada – estamos juntos en biología. Siempre te sientas en la equina junto a la ventana.
- Vaya… que descriptivo – admiró ella con una sonrisa, tanto de confusión, como de alegría al saber que el chico si la había notado todo este tiempo – ¡Me preguntaba si te gustaría bailar!
Tyler y Sean se miraron con los ojos bien abiertos y este último le sonrió con una emoción exageradamente obvia. Entonces se apartó y los dejó completamente a solas. Con un Tyler hecho un jirón de nervios y una Sarah sonriente y sonrojada.
- Pero… ¿Por qué yo? Hay muchos otros con los que podrías bailar.
- Porque no eres como los demás – respondió la chica – desde el primer día lo supe. Eres muy diferente, y eso te hace especial.
- ¿Cómo sabes eso? – Cuestionó él con el ceño arrugado.
- Porque mientras la mayoría no se atrevía a hablarme porque los populares fueron los primeros en abordarme, cuando me senté en aquella esquina, fuiste el único que se acercó para darme la guía de inicio de clases. Era tu guía. Tenía tu nombre.
Tyler se ríe y dice – parecías necesitarla más que yo. Te veías como perdida.
- Justo como tu esta noche – replicó ella divertida y Tyler rio para sus adentros.
- Bueno, este tipo de cosas no son mi estilo. Te habrás dado cuenta que no soy ni un poco popular.
- Eso está sobrevalorado. Además, esta fiesta no es solo para populares, es para todos. La idea es divertirse ¿No crees?
- Supongo que si… - dijo rascándose la mejilla. Una extraña sensación lo invadía de pronto.
- Oye Sarah… ¿Qué haces? Deja a ese perdedor y ven con nosotros – dijo el capitán del equipo. La chica rodo los ojos y le ignoró. Pero esto no le agradaría nada al futbolista estrella.
Pronto todos los chicos del equipo, el montón de mastodontes rodearon a Tyler. Sean al ver esto se apresuró a ayudar a su amigo, pero otros tres chicos le cortaron el paso.
- ¿Qué le ves a este perdedor? – Preguntó Donovan.
- No es tu problema Donovan, déjanos en paz – replicó ella y Tyler la detuvo.
- No quiero problemas… - dijo él.
- Déjame decirte que no estás haciendo un buen trabajo evitándolos. ¡Chicos! – hizo una señal con sus manos y el equipo de futbol americano se aproximó hacia Tyler, sacando del camino a Sarah.
Ella luchaba para evitar que le hicieran cualquier cosa a Tyler, pero él ya sabía lo que le esperaba y se había resignado a ello. Esto sucedía desde la primaria. Siempre lo acosaban. Entonces, aunque se resistió, no iba a poder contra los tres. Lo sujetaron por ambos brazos. El tercero le propinó un fuerte puñetazo en el estómago. Todos se reían, menos Sarah y Sean quienes desesperadamente intentaban ayudarlo.
Antes que este chico lo volviera a golpear, Tyler de nuevo se sintió invadido por aquella extraña sensación, y en el momento en que el mejor amigo de Donovan quiso darle el segundo golpe, de la nada Tyler encontró la manera de zafarse lanzando a uno de ellos a la piscina. Eso fue todo para que los demás se enojaran. De pronto comenzó a llover y Tyler como pudo se soltó del agarre de otro chico y no tuvo otra opción más que correr. Correr a ciegas porque había perdido sus anteojos. Los del equipo lo siguieron. También Sarah y Sean.
Tras unos minutos corriendo a ciegas, Tyler tropezó y cayó al suelo enlodado. Fue entonces cuando todo el equipo, Sarah y su mejor amigo, le alcanzaron. Pero cuando quisieron acercarse para seguir atacándolo, todos vieron algo que los dejó helados. Frente a Tyler había un lobo gris, mirándolo fijamente.
Hasta ese momento, Tyler no había tenido la vista tan clara jamás sin sus anteojos, pero podía ver claramente al lobo frente a él. Todo el equipo de futbol se retiró. Estaban atemorizados debido a todos los supuestos ataques de animales que habían ocurrido. Se había determinado que si se trataba de lobos.
Todos se marcharon menos Sarah y Sean, que intentaron llenos de temor, que Tyler se levantara para irse de allí tan pronto como les fuera posible. Allí bajo la lluvia, aquella noche, los tres habían visto algo completamente extraño. Era el primer lobo que veían de cerca, pero este no parecía tener interés alguno en atacarlos. Por el contrario, se dio la vuelta y se marchó.
- Vamos, vamos Tyler, salgamos de aquí rápido – insistió Sean y entre él y Sarah lo ayudaron a ponerse en pie.
Al salir del bosque comenzaron a caminar. Ninguno planeaba volver a esa fiesta. Todo se habría acabado ya por la lluvia. Por otro lado, Tyler no era bienvenido, y Sarah no quería estar allí con ese montón de abusivos.
Sean y Tyler acompañaron a Sarah hasta su casa, ella les agradeció y se disculpó con Tyler, a lo que él respondió que no importaba, no era su culpa, y luego se marcharon. Esa noche, Tyler llegó a casa, empapado y por alguna razón, muy molesto. Se quitó la ropa mojada y cuando se miró al espejo, se podía ver a si mismo claramente. No tenía sus anteojos, se había olvidado completamente de ellos. Pero no parecía necesitarlo. Aquella extraña sensación se hacía cada vez más fuerte. Se metió a la ducha y sentía todo el cuerpo caliente. El agua estaba helada y todo el cuarto de baño se llenó de vapor. Luego de una hora casi en estado de trance, Tyler salió del baño como un sonámbulo y se colocó unos pantalones deportivos color n***o que tenía sobre su cama.
No tardó en caer rendido en sueño al tocar la cama. Solo bastaron un par de minutos. Entonces comenzó a soñar. En su sueño sentía que caminaba en cuatro patas como si fuera un animal, pero no se podía ver a sí mismo, solo se sentía como si fuera él. Caminaba por el bosque, y movía erráticamente la cabeza como si estuviera olfateando algo, y luego llegó a un lugar remoto. Había un auto y se mecía de un lado a otro. Dentro del auto había una pareja teniendo sexo. Se acercó a la ventanilla y no pudo ver su propio reflejo. Solo alcanzó a ver un par de ojos azules brillantes, un brillo metálico. Era un brillo casi diabólico.
Un brillo que incluso le causó pavor, sabiendo que se sentía como si esos fueran sus ojos y aun así no podía ver el reflejo de su rostro, más que simplemente unos colmillos llenos de sangre que se saborearon al ver a la pareja.
Entonces la pareja se dio cuenta de que algo los observaba, y la chica al verlo tras la ventanilla, se asustó de tal manera que soltó un alarido de terror. La ventanilla del auto se rompió en mil pedazos y se desató una carnicería dentro de este. La pareja fue despedaza y entonces… despertó. Estaba empapado de sudor, sin camiseta y tirado bajo un árbol en el bosque a pocos metros del auto que había visto en su sueño.
Se levantó aterrorizado y se acercó con cautela para mirar dentro. En el suelo había partículas de cristal roto, y él hizo todo su esfuerzo por no enterrarse una en sus pies descalzos. Entonces contemplo con terror la escena ante él. Lo suyo no fue un sueño. Literalmente había estado allí. Los había visto ser despedazados, y por alguna extraña razón, sentía que había sido él.
La escena era simplemente perturbadora y aterradora, pero por alguna razón él no podía dejar de mirarla, aunque su cuerpo quería huir de allí tan rápido como le fuera posible. Y una vez que sus piernas comenzaron a responderle, no lo dudó ni por un segundo y dejó de lado todo que lo que recordaba de su sueño, y todo lo que ahora estaba presenciando, para poder marcharse sin siquiera mirar atrás pero ni por equivocación.
Se fue corriendo de aquel lugar y regresó a su casa asustado y empapado de sudor. Respiraba agitado pero no lo suficiente como para estar fatigado. Incluso, había corrido mucho más rápido que nunca. Ni que hablar. Había corrido más de lo nunca había podido hacerlo y aunque respiraba con un poco de agitación y el lugar donde había despertado estaba bastante lejos de su casa, él no se sentía para nada cansado. De hecho sentía como si pudiera pasar toda la noche corriendo por los bosques que rodeaban la ciudad y sin cansarse.
Sus padres no estaban. Se encontraban en un viaje de negocios, y lo único que se le ocurrió fue llamar a su mejor amigo. Sean acudió de inmediato y observó y escuchó intrigado mientras Tyler le contaba de su sueño aparentemente real. Y como Sean no estaba seguro si debería creerle, Tyler decidió llevarlo consigo al bosque.
- Aguarda Ty… ¿Y tus anteojos?
- No lo sé, y no los necesito – respondió el muchacho sin interés alguno. Solo le importaba que Sean le creyera.
- ¿Puedes ver bien si ellos? – Preguntó Sean. Él se había percatado que había algo extraño con Tyler aquella mañana. De pronto parecía tener músculos que antes no tenía, y estaba también su vista.
- Si… por supuesto que puedo ver bien sin ellos. Vamos sígueme. Tienes que verlo tú mismo.
Tyler arrastro a Sean hacia el bosque de nuevo. Seguía vistiendo aquellos pantalones deportivos negros y ahora llevaba un suéter verde oscuro y unos zapatos deportivos blancos. Sean le siguió aun extrañado por aquellos cambios tan inusuales en su amigo. Caminaron por poco más de veinte minutos hasta llegar al lugar donde Tyler había despertado. Pero el auto no estaba allí.
- No lo entiendo, aquí estaba – dijo el muchacho casi con desesperación – tienes que creerme.
- Tranquilo Ty… te creo – dijo Sean agachándose – esto es… cristal roto. De la ventanilla de un auto. Alguien se lo debe haber llevado.
- Algo muy extraño está sucediendo. Esto no pudo ser obra de un lobo – replica Tyler.
- ¡No, claro que no! – Afirmó su amigo con la mirada perdida – por ahora volvamos a casa.
Al darse la vuelta se hallaron con un hombre de aproximadamente unos veinticinco años. Era alto y usaba ropa negra y una chaqueta de cuero del mismo color.
- No deberían estar aquí – le dijo con una voz profunda e imponente que los llenó de miedo al instante.
- Si… tu tampoco – replicó Sean algo asustado. El hombre frente ellos era intimidante.
- Esto es propiedad privada. Será mejor que se vayan. Últimamente muchos mueren despedazados en estos bosques – dijo con una mirada siniestra y una disimulada sonrisa de medio lado.
Eso fue todo para que se marcharan.
Al llegar a casa, Tyler seguía pensando en aquel sueño que resultaba ser real. Aun no se explicaba cómo había desaparecido el vehículo, y entonces surgió la idea.
- ¿Quién era ese sujeto? – Preguntó Tyler.
- ¡Aquí está! – Exclamó Sean eufórico. Había estado hurgando quien sabe qué en su computadora portátil – sabía que lo había visto en otro lugar. Su nombre es Peter Moon. Aunque ahora es un poco diferente. Se fue de la ciudad hace unos siete años. Sus padres su hermano mayor y su hermano recién nacido murieron cuando él y su gemela tenían diez. Se quedaron hasta terminar la preparatoria y él fue capitán del equipo de futbol americano. Toda una estrella. Su casa está en medio del bosque. Mira, esta es su fotografía del anuario – al ver la fotografía, notaron que ciertamente era un poco diferente, pero por supuesto que era él.
- ¿Crees que él se haya llevado el auto? – Cuestionó el muchacho y Sean se quedó pensativo.
- Tal vez, aunque no sé bien qué motivos podría tener para hacerlo. Por ahora iré a casa. Tengo algunas cosas que hacer. Nos veremos en la noche.
- Claro…
Llegada la noche, de nuevo Tyler comenzó a tener pesadillas. Esta vez vio a Peter, pero él no tenía intención de hablar con Tyler. Simplemente le miraba algo confundido y luego se marchó. De la nada, el muchacho se despertó en medio del bosque de nuevo, justo donde había visto a Peter en su sueño. Todo resultaba muy confuso para el adolescente. Estaba sin camiseta otra vez en ese bosque tan frio, pero él no sentía frio. Su vista estaba perfecta. Ya ni recordaba que necesitaba anteojos.
Por otro lado, minutos antes que despertara en el bosque, Sean había ido a buscarlo a su casa. Pero al entrar en su habitación, Tyler no estaba, por supuesto que no estaba. Miró hacia la ventana y esta se hallaba abierta, entonces se dio cuenta de lo sucedido. Sean había hecho su tarea y ya tenía toda una teoría. Él era apasionado y casi obsesionado con ese tipo de cosas. El tipo de cosas que cualquier persona creería que es una completa locura, pero para él no lo era.
Sean corrió en su bicicleta por el bosque hasta toparse con Tyler. Frente a ellos estaba el auto, pero no había cuerpos dentro de él. Aunque si estaba definitivamente destrozado y cubierto de sangre.
- ¿Qué haces aquí? – Preguntó Tyler con un dejo de desesperación y terror.
- Te seguí ¿Tu qué crees? ¿Qué haces tú aquí?
- No lo sé, no sé cómo demonios llegue aquí, pero Sean… este es el auto. Estaba soñando, y cuando desperté estaba aquí. Tengo la sensación de que no estaba soñando en realidad. Y lo peor es que vi a Peter antes de despertar. Si no estaba soñando, quiere decir que él fue quien movió el auto.
- Escucha Tyler, si lo que estoy creyendo que sucede es cierto, será mejor que nos vayamos ahora.
- ¿Qué, por qué?
- No preguntes, solo vámonos antes que las nubes dejen de tapar la luna.
Tyler y Sean corrieron a su casa y este último, bastante apresurado y preocupado corrió a abrir la puerta hacia el sótano, obligando a Tyler a bajar y quedarse allí.
- ¿Qué está pasando Sean, por qué me traes al sótano? – Cuestiona el chico algo molesto.
- Créeme Tyler, si tengo razón, me agradecerás el estar aquí abajo encerrado.
- Tal vez él te lo agradezca, pero tú no agradecerás quedarte encerrado con él – dijo una voz intimidante desde las escaleras – sal de aquí muchacho. El esconderlo de la luna no te protegerá del todo. Solo lo retrasaras. Pero este lugar no lo contendrá todo el tiempo.
- ¿Retrasarme? ¿De qué rayos estás hablando? ¿Qué diablos haces aquí, nos seguiste?
- Por supuesto que los seguí idiota. Supuse que tu tonto amigo tendría una idea como esta cuando lo escuché hablar sobre la luna – la figura misteriosa apareció ante la luz de una bombilla y se trataba de Peter.
- Entonces ¿Tengo razón? – Cuestionó Sean.
- Esperen… ¿Razón sobre qué? – Replicó Tyler, ya comenzando a sentir enojo.
- ¿Aun no te has dado cuenta cierto? – Indagó el misterioso hombre – ¡Tu cuerpo! ¡Está cambiando! Ahora puedes ver mejor, tienes músculos que antes no tenías, y además de eso, tus sueños, parecen reales, porque lo son. No son sueños. Simplemente caminas en un estado de trance que te hace creer que estas soñando. Como si fueras un sonámbulo.
- ¿Cómo sabes todo eso? – Preguntó Tyler.
- Tu amigo cree que eres un hombre lobo, y tiene razón – dijo Peter.
- ¿Cómo es que…?
- Porque yo también lo soy Sean. Y sé reconocer a un hombre lobo cuando lo veo. La pregunta es ¿Cómo pasó?
- Creo que tengo una idea sobre eso – dijo Sean bastante sorprendido.
- Esperen, esperen… ¿Hombre lobo? ¿Es en serio? ¿Están bromeando? – Tyler estaba lo suficientemente molesto como para representar un peligro, y Peter se había percatado de ello.
- No Ty, en serio amigo, esto no es una broma. Hay varias formas de convertirse en un hombre lobo, y el hecho que seas uno, y Peter también, explicaría mucho, como por ejemplo, todos esos supuestos ataques de lobo. Un lobo común no podría hacer semejante bestialidad. Pero un hombre lobo sediento de sangre si – solo entonces Sean comprendió el peligro en el que estaban ambos encerrados allí con Peter.
- Ya me estoy hartando de esto… - gritó el muchacho muy enojado y sus ojos se tornaron de un color amarillo brillante y metálico. Era un brillo casi diabólico. Pero definitivamente diferente al brillo que había visto reflejado en la ventanilla del auto.
Comenzó a perder el control y le comenzaron a crecer los colmillos, también garras, y gruñía aterradoramente. De pronto se le lanzó encima a Sean pero Peter se interpuso entre ellos y sus ojos brillaron del mismo color que los de Tyler. Este detuvo al muchacho presionándolo con fuerza contra la pared y dándole un puñetazo en el estómago tan fuerte que lo hizo doblarse de dolor.
Cuando cayó al suelo, sus ojos y dientes habían vuelto a la normalidad.
- Te dije, esto no lo contendrá mucho tiempo, y menos si estás aquí con él. Los hombres lobo nos ponemos especialmente sensibles e irritables cuando se acerca la luna llena, porque provoca la transformación involuntaria de un hombre lobo primerizo. Mantenernos lejos de ella antes de la fecha nos puede mantener cuerdos, pero el cambio de humor puede provocar nuestros instintos más salvajes, aun si no es luna llena, por otro lado, no importa que tan oculto estés, cuando hay luna llena, la transformación es inevitable.
- Tyler… creo que tenemos que salir de aquí. Si los ataques fueron de un hombre lobo, entonces estamos en un grave peligro. Tyler… ¡Vámonos ahora!
- Tranquilo Sean. Peter no lo hizo – dijo el muchacho recuperando el aliento.
- ¿Qué?
- Peter no es el responsable de los ataques. Sus ojos eran diferentes. Lo que sea que haya atacado a esos chicos, sus ojos brillaban en azul. Los ojos de Peter brillan en amarillo.
- Igual que los tuyos – dice Sean – quiere decir que tampoco fuiste tú quien atacó.
- Por supuesto que no fue Tyler idiota – replica Peter – los ataques comenzaron al final del verano el año pasado, Tyler apenas viene a demostrar indicios de ser un hombre lobo ahora, y es entendible que me creyeran culpable, pero ciertamente no fui yo. Ahora… ¿Por qué no nos cuentas tu teoría acerca de cómo se convirtió Tyler en hombre lobo?
- Yo…estuve investigando – dijo el muchacho algo intimidado – hay varias maneras de convertirse en hombre lobo. Nacer siendo uno. Por medio de una mordida, y la que creo es la ganadora. Beber agua de la huella de un lobo.
- Ciertamente no es hombre lobo de nacimiento – dice Peter – de ser así él lo sabría.
- ¿Cómo estas tan seguro de eso? – Replica Sean.
- Porque no tiene sentido nacer siendo hombre lobo y no saber nada sobre tus poderes. Eso solo te haría muy peligroso para ti mismo, el resto de tu manada y para las personas que te rodean. Cuando naces siendo hombre lobo, te enseñan desde pequeño lo que eres y como controlarlo cuando esos poderes afloren. Que será al primer contacto con otro hombre lobo después de los quince años.
- ¿Cómo sabes todo esto? – Le pregunta Tyler.
- Lo sé porque nací siendo hombre lobo. Todos en mi familia lo eran. Incluida mi gemela Páris . Ahora la pregunta es ¿Te mordió un hombre lobo?... Por supuesto que no. De haberlo hecho, habrías creído en lo que tu amigo te estaba tratando desde el principio. Así que… la última opción.
- ¡Si! – Exclamó Sean.
- ¿Por qué estás tan seguro? – Preguntó Peter.
- Porque anoche, fue cuando todo comenzó, justo después que viéramos a ese lobo en el bosque. Estaba lloviendo mucho, y Tyler tropezó. Estoy seguro de haber visto huellas de lobo bajo Tyler anoche. Y entonces comenzó a suceder todo esto. Lo primero que noté fue su vista. Ya no necesitaba sus anteojos, cuando antes, sin ellos, no podía siquiera estar de pie.
- Bueno… debo admitir que no hay otra explicación, sin embargo, sigo teniendo mis dudas. Es muy poco probable. Ya que de las tres, esa es la forma menos común de convertirse en hombre lobo, porque casi nunca funciona. De hecho, si es así, Tyler sería el primer caso en cientos de años.
- ¿Qué va a suceder conmigo? Y más importante ¿Si tú no los mataste, por qué te llevaste el auto?
- Primero tendremos que encerrarte y encadenarte en algún lugar para evitar que mates a alguien. La luna llena será dentro de dos noches. Luego, te enseñaré como controlarte y a cambio, me ayudaras.
- ¿Con qué? – Preguntó Tyler confuso.
- A encontrar al responsable de los ataques. Quien quiera que fuera, está siendo extremadamente descuidado y está rompiendo las reglas de Silver Wood Town.
- ¿Tienen reglas para hombres lobo en esta ciudad? – Pregunta Sean – espera… si tienen reglas, entonces ¿Significa que hay más hombres lobo?
- ¡Si, las tenemos! Y no, no hay otros hombres lobo en la ciudad, además de nosotros dos, y el imbécil que mató a todas esas personas… las reglas las puso mi familia, para proteger a la ciudad y nuestro secreto. Pero este tarado, no solo las está rompiendo, nos está poniendo en peligro. Me llevé el auto porque dejó uno de sus dientes clavados en la puerta. Si la policía busca rastros de ADN e identifican que pertenece a un humano, quedaremos expuestos.
- Pero eso sería bueno. Sabríamos quien es el asesino – dijo Sean.
- No si la policía y las personas descubren que se trata de un hombre lobo.