Isobel.
A media noche, me encuentro puntualmente en una vieja bodega de embarque a la orilla del East River, donde se celebrara una reunión del Sindicato a la que asistirán las personas más poderosas del bajo mundo en Nueva York. Veo rostros de vampiros y humanos por igual con expresiones que varían entre la confusión, incertidumbre y pétrea resolución.
Es notable que cada quien tiene una idea diferente de lo que podría ocurrir en esta reunión. Recuerdo lo que Max me ha dicho sobre Líder, la posibilidad es remota, pero al mismo tiempo factible a pesar de parecer una mera fantasía, nacida de la esperanza de que la persona en cuestión se encuentra con vida.
Saludo con gestos distantes a aquellos con los que tengo un trato cordial y frío. Cuando veo a Trenton, el vampiro cuyo hermano delate, mantengo mi expresión en blanco he inclino mi cabeza en señal de saludo. Devuelve el gesto sin rencor. Eso solo me dice que entiende mi decisión de delatar a su hermano.
Porque no me quedan dudas de que sus espías ya le hayan informado de que fui yo. Él no me preocupa por ahora, aunque sé que si alguna vez estoy en la tesitura de necesitar la mayor cantidad de votos posibles para no ser sentenciada por el Sindicato, no voy a poder contar con él.
Los rumores se acallan cuando en la pasarela elevada que se encuentra rodeando todo el edificio, aparece el hombre que dirige todo Nueva York.
―Hermanos y hermanas, gracias por asistir con tan poca antelación― hace una pequeña pausa― los he citado aquí por un asunto de gran importancia. Alguien ajeno a nuestra subestructura pide permiso para permanecer en nuestra ciudad hasta la siguiente semana.
―Seguro algunos de ustedes ya habrán escuchado de él. El Coronel Val, ha estado en nuestra ciudad por tres semanas y pide poder alargar su estadía un poco más.
Lo que más temía esta por ocurrir, con ese permiso viene la inmunidad de visitante. Y no creo que haya nada que pueda hacer para impedirlo.
― ¿Por qué esta aquí y porque no se había presentado a nosotros antes?― La voz es de una mujer humana dueña de todas las casas de apuestas en Manhattan.
―Asuntos familiares lo han traído a Nueva York, y me reservo el derecho de revelar el por qué no se había presentado a nosotros antes. La cuestión es que lo ha hecho y debe realizarse la votación.
Simples ayudantes reparten relojes electrónicos de un solo uso entre los presentes. La únicas opciones que aparecen en pantalla es Si o No, no hay datos pre-cargados de la persona que vota por lo que se garantiza el anonimato, de esta manera se evitan peleas entre nosotros por las decisiones tomadas. Rápidamente voto No antes de quitarle el chip, que lo conecta a la computadora donde se recopilan todos los datos. Solo Líder tiene acceso a esos datos.
Destruyo el chip antes de tirarlo en la bolsa de basura que otro ayudante tiene en sus manos. Ambas cosas; el chip roto y el reloj electrónico desechable. Es una larga espera hasta que todo el mundo logra votar, vemos como una ayudante le entrega a Líder una tablet en la se encuentra toda la información recopilada.
Espero con ansias el veredicto.
―La decisión que el Sindicato ha tomado no ha sido unánime, pero la facción que ha ganado por solo dos votos es...― hace otra pausa exasperante, alargando el suspenso―...que el Coronel Val obtiene su pase libre he inmunidad de visitante. El Sindicato ha hablado, que así sea hecho.
Todos hacemos eco de su declaración.
―El Sindicato ha hablado, que así sea hecho.
Mierda, solamente mierda.
|*****|
Paso primero por el club para informar a mi equipo de la decisión tomada por el Sindicato y buscar a Asher. Sin duda ninguno está contento, Bruner menos que nadie, pero ya no se puede hacer nada al respecto, más que proseguir con mayor cautela, para mi propia frustración. Regreso a casa con un dormido Ash en mis brazos, según Bruner el pequeñín tubo un día agitado, por lo que es probable que duerma a pierna suelta toda la noche.
Lo que es un verdadero alivio, ya que en este momento me siento lo menos maternal posible, lo dejo en la habitación con la puerta entreabierta y un vigila bebés. Llevo el otro conmigo a la cocina donde rebusco hasta encontrar una botella de Vodka, me sirvo en un vaso de vidrio antes de sentarme en el sofá frente al proyector holográfico en silencio, parece que están pasando una película de superhéroes.
Dejo de prestarle atención mientras me sumo en mis pensamientos, pues el próximo paso a seguir debía de ser planeado cuidadosamente. No podía deshacerme del Coronel Val, Williston hasta que la semana que viene llegue a su fin.
Pero por el lado positivo podía aprovechar esta pausa para averiguar lo que realmente había ocurrido con Scott. La esperanza de que este vivo me carcome y quiero obtener respuestas, no estoy segura de poder vivir con la duda tanto tiempo, porque aunque no lo parezca el dolor me recorre por completo al recordar al único amor que he tenido.
Mi amigo, mi socio, mi apoyo y mi amor.
Pero aun no puedo llorar, incluso cuando tengo plena conciencia de haberlo perdido cuando en realidad acababa de encontrarlo. La ironía de la situación me hace soltar una carcajada amarga. Si nunca hubiera sentido el peligro acercarse, es probable que nunca hubiera enfrentado lo que siento por él. Antes de darme cuenta había acabado un cuarto de la botella. Sintiendo los músculos pesados y teniendo en cuenta que mañana debía asistir a la universidad, decidí que era hora de dormir.
Al día siguiente asisto a cada una de mis clases de forma religiosa y me aseguro de tener mis calificaciones al día. Se acercan los exámenes finales y realmente deseo que todo esto termine pronto. Me encuentro con Sav en Claren's, no he hablado con ella desde el martes en nuestra excursión de compras que acabo mal.
No la mencionamos para nada, en cambio la conversación gira en torno a los temidos exámenes finales. Las dos estamos de acuerdo en querer acabar pronto con el asunto de la universidad.
―Te sorprenderá escucharlo, pero he conseguido unas prácticas para después de la graduación- me lanza una sonrisa presumida.
Siento mis cejas elevarse al cielo por la sorpresa.
―Es muy pronto― es todo cuanto digo.
― ¡Ya lo sé! No hace mucho que me entrevistaron y pensé que no tendría posibilidad de obtener el empleo de pasante, sin embargo, recibí una llamada ayer ¡Lo conseguí! Además son remuneradas.
Su emoción ante la perspectiva de tener unas prácticas remuneradas es palpable. Yo también estaría dando saltos de alegría en su lugar.
―Vaya, felicidades. ¿Dónde serán?
―Boston, son una casa de modas pequeña pero exclusiva, en mi opinión, son muy creativos con sus diseños. Y participan en la semana de la moda.
Al escuchar la ciudad me tenso de forma inevitable, pero luego me recuerdo a mí misma que Savannah no tiene ningún enemigo en la ciudad y lo que es más, ninguno de los míos sabe siquiera de su existencia. Entonces reparo en la última parte de su declaración.
― ¿De Nueva York?
―Por supuesto― rueda los ojos― dije que son pequeños pero talentosos, y nuestra semana de la moda solo les queda a unas horas.
―Eficiente, y los pone en el mapa- parece estar bien gestionada.
―Sí, toman decisiones muy inteligentes y creo que podre aprender mucho de ellos.
―Me alegro mucho por ti Sav, esto es genial.
Asiente entusiasmada.
Carol aparece en la cafetería y pide un café n***o cargado, con mucha azúcar. Parece cansada, lo suficiente para cambiar su habitual repulsa al café. Como otro trozo de mi tarta, examinándola de arriba abajo; tiene grandes ojeras mal disimuladas con maquillaje, sin duda se puso lo primero que vio en el armario, su boca tiene un rictus enojado teñido con tristeza, eso y el gran trago de café que toma inmediatamente después de que la camarera le pusiera su taza enfrente, me dice sin ninguna duda que algo no está bien.
Sav me mira, habiendo llegado a la misma conclusión. Asiento para que ella comience el interrogatorio, Carol nos conoce, si no quisiera contarnos nada nunca nos habría buscado.
― ¿Qué ocurre?― las palabras de Sav destilan dulzura.
―Esteban y yo hemos tenido una fuerte discusión― se encoge de hombros― está molesto porque no le dije de lo que ocurrió el martes con su hermana.
― ¿Y no se lo contaste porque...?― inquiero un poco borde.
―No quiero problemas con su familia, Isobel. Además todo se resolvió en un santiamén, no lo considere necesario.
― ¿Cómo se enteró tu vampiro entonces?― Sav parece no entender mucho la situación, y ya somos dos.
―Max, el hermano mayor de ambos tiene vigilada a Astrax- las mirada de Carol va hacia las lejanías de forma sombría, probablemente recordando la discusión.
Sav encarna una perfecta ceja rubia, frunciendo sus rellenos labios rosa con brillo labial.
― ¿Vigilada? ¿Estas bromeando?― eso no suena bien para mí.
―Ya quisiera, le conto a Esteban lo sucedido. Incluyendo que tu― me señala― la hayas amenazado, lo cual aparentemente estuvo fuera de lugar. Pero lo que no estuvo fuera de lugar es que ella me insultara ya que en realidad tenía razón― las últimas palabras las pronuncia con rabia contenida y evitando llorar.
― ¿Eso es lo que dijo ese idiota?― Sav parece tan enojada como yo cuando realiza la pregunta.
―Me dijo que técnicamente tenía razón, ya que nunca podríamos tener hijos juntos, sus familiares podrían no tomarnos enserio y burlarse de él. Al parecer Astrax tiene razón, solo que le falto delicadeza al decírmelo.
― ¡Y un cuerno! no escuches esas tonterías. Él te debe una disculpa, al igual que Astrax y si ese imbécil no puede verlo, yo misma me encargare de quitarle la ceguera- a la fuerza si es necesario.
Un par de lágrimas ruedan por sus mejillas y una ira apenas contenida me invade al verlas, obligo a mis emociones a relajarse cuando siento el sutil temblor de la mesa, no puedo perder el control aquí. Con mis emociones bajo control pienso en Esteban, ese vampiro no tiene derecho a hacerla llorar, strike dos Esteban, le haces daño nuevamente y tengo permiso para encargarme de ti.
― ¿Qué tal si nos olvidamos del chupasangre? Creo que es hora de auténtico tiempo de chicas― la idea de Sav me encanta― podríamos pasar el resto de la tarde en un spa.
Dicho y hecho, masajes, baños de algas, limpieza de cutis. Pasamos la tarde entre otros muchos tratamientos, riéndonos y desahogándonos entre amigas. Aunque por supuesto, hay muchas cosa que no puedo contarles, pero en realidad este tiempo me ayuda a olvidarme de mis problemas.
Es sin duda alguna, la mejor idea que ha tenido Sav en mucho tiempo.
Me siento un poco culpable por no pasar más tiempo con Ash, pero nunca fui del tipo maternal y ahora termine siendo la guardiana de un niño con un pasado más que engorroso, así que creo que nadie puede reprocharme el hecho de que no sea muy cariñosa con el niño.
― ¿Te sientes mejor?― observo a las dos chicas frente a mi hablar en voz baja.
Actualmente nos encontramos en jacuzzi con hidromasaje. Relajándonos con una copa de champan en la mano.
―Relajada y con los músculos distendidos, simplemente me siento como nueva― Carol realmente parece sentirse mucho mejor.
Perfecto, misión cumplida.
―Me alegro, ya que debo confesaros algo― la sonrisa de Sav parece... no estoy segura como describirla, pero sin duda esa es la sonrisa de alguien que recuerda a una persona muy especial.
― ¿Conociste a alguien?- una sorpresa tras otra.
―Pues si―Sav trata de restarle importancia― es guapo y realmente atento.
―Y el hombre más sexy del mundo― Carol bate sus pestañas cómica y exageradamente.
Mi teléfono suena en ese momento, lo encuentro al borde de la bañera.
Isobel, los resultados de Asher están listos, necesitamos hablar.
Dr. Santana