Max.
― ¿Querías hablar conmigo?― cierro la puerta detrás de mí, entrando al estudio de mi padre.
Es interesante el hecho de que se pase aquí casi veintitrés horas al día. Yo espero no convertirme en él, un obseso del trabajo que no confía en las personas que le rodean para resolver las cosas, de ahí a que siempre tenga tanto trabajo. A veces hay que delegar, confiar en tu equipo.
―Siéntate por favor― señala el sillón que hay delante de él.
Esta sentado en un gran sillón de cuero n***o frente a una chimenea. Todo el estudio tiene molduras de madera oscura, detrás del escritorio estanterías llenas de sus libros favoritos, (Por supuesto los ha leído todos). En gustos no podríamos ser más diferentes.
Me siento en el sillón mientras él toma el decantador de cristal que esta sobre una mesita auxiliar junto a su sillón, sirviéndome una buena medida brandy antes de dármelo.
―Entonces escuche que te vas de vacaciones.
Estaba esperando que lo mencionara, que intentara evitarlo.
―Si― lo miro con desafío― casi todos los preparativos están listos.
Toma su tablet y me la pasa.
―Desgraciadamente no va a poder ser. Allí esta lo programado en tu agenda para la semana que viene, todas estas cosas son importantes y no pueden ser aplazados- parece arrogante, creyendo haber ganado esta escaramuza.
Esbozo una sonrisa carente de diversión, hecha con el único propósito de incomodar al interlocutor. Reviso la agenda antes de pasársela.
―Todo esto ya está hecho.
Por primera vez veo la sorpresa reflejarse en su rostro. Solo por unos segundos, pero la he captado. Me alegra saber que estoy ganando.
―Oh pero ¿lo has hecho todos?― mantengo el rostro inexpresivo, pensando con rapidez. No espera mi respuesta― yo creo que no.
Busca algo en la tablet y me la devuelve. Lo que veo hace que quiera romper algo, nadie me había dicho nada sobre esto.
―Es un asunto reciente que debes resolver de inmediato― sonríe socarrón― un rey no tiene vacaciones.
― ¿Enserio? ¿Ya se te olvido el año sabático que te tomaste, mientras me dejaste a mí casi completamente a cargo?- fue un año paradisiaco en comparación a cuando está cerca.
―Eso fue diferente.
― ¿En qué sentido? Despareciste casi todo un año, yo solo me voy por una semana. Tal vez dos― va a hablar cuando lo interrumpo― No, me tomare mis vacaciones sí o sí. No tengo por qué hacer tu trabajo también, tú eres el rey. Pero si tanto insiste podemos someter esto a votación. ¿Qué crees que decidirán? ¿Le darán permiso para vacacionar al hijo del rey, cuando ya ha terminado todos sus compromisos y cuya ausencia no le importara a nadie?
Gracias a las nuevas leyes, implementadas no hace mucho, el Concilio, el Concejo de Defensa y Asuntos Civiles pueden ser convocados para votar en caso de que el rey haya decidido tomar algún curso de acción que es incorrecto y que pueda llevarnos a la ruina, es un mecanismo para evitar que el rey tome decisiones que perjudiquen a la r**a.
Nunca se ha llamado a una Asamblea de Votación para autorizar las vacaciones del heredero a la corona, pero las leyes no impiden que se haga tal cosa.
Se queda callado.
―Exactamente― me levanto con la tableta en la mano― tendré esto resuelto para el viernes en la mañana, desde entonces puedes considerarme fuera de servicio.
Salgo de allí con la cabeza en alto y una sonrisa en los labios. Acabo de ganarle la partida al rey.
Jaque mate.
Me paso por el comedor donde solo está mi madre platicando animadamente con tía Debbie. Deborah Sheppard es una alta vampira de líneas elegantes y con el cuerpo de una de esas modelos raquíticas con piernas kilométricas de hoy en día. Su cabello teñido de gris claro apenas le roza sus hombros, junto con una nariz y labios finos, grandes y gruesas pestañas enmarcando unos ojos verde brillante como los de su hermana menor.
Es una fabricante de joyas, el precio de sus creaciones asciende a los miles de dólares.
―Debbie― sonrió genuinamente.
A pesar de su belleza helada, tiene un alma cariñosa y bondadosa. Pero en algunas cosas puede resultar ser tan frívola como su hermana.
― ¡Max!― se levanta para darme un beso en cada mejilla― ¿Cómo estás? Vine de visita y a ver como se encontraban mis tres sobrinos.
La aparto un poco, frunciendo el ceño.
―Pensé que Astrax se estaba quedando en tu casa.
Si no esa así… juro que cada musculo de mi cuerpo se tensa. La migraña amenazando con torturar mis sienes.
―No la verdad es que no― hace una pausa― ella fue de visita, pero solo fue un rato. Dijo que tenía que regresar temprano a casa.
Aiza no me aviso nada de eso.
―No te preocupes, ya la encontrare- y luego la traeré a rastra para encerrarla en su habitación por al menos cinco años.
Tal vez de esa manera logre meterle sentido común en su cabeza.
―Si ya lo creo que sí, pero me tienes algo abandonada cariño. No has ido a visitarme ni una sola vez― no deja de sonreír mientras me regaña suavemente.
―Perdóname Debbie, pero es que he estado ocupado todos estos días.
Eso es un eufemismo.
―Amor trabajas demasiado, incluso nosotros necesitamos un descanso de vez en cuando. Los vampiros no somos de hierro.
Me rio.
―Podríamos serlo― apunto solo para fastidiarla― pero la razón de que este tan ocupado es que estoy organizando mis vacaciones.
― ¿De veras? Mon chérie, que feliz me hace escuchar eso. ¿A dónde piensas ir?
―Es un secreto― me acerco para susurrarle al oído― te pasare mi localización solo a ti, para que vayas a visitarme.
―Me encantaría― regresa a la mesa, incrustándose nuevamente en la conversación con madre.
La dejo en lo suyo, entrando en el pequeño solárium que ya nadie usa realmente. Saco mi teléfono y le marco a Aiza, pero no contesta. Marco a Halec.
― Hola su Alteza. ¿Qué necesitas de mí?
―De momento que encuentres a Astrax.
― ¿Y Aiza?― la burla desaparece de su voz.
―Perdida en acción.
―La localizare, ¿Esta en Nueva York?
―Eso sospecho, dijo que iba a quedarse en casa de Debbie. Pero ella está aquí y dice que no se encuentra en los Hampton.
―Entendido, veré donde se ha metido.
Dejo a un lado el teléfono, pensando en lo que pudo haber hecho mi hermana esta vez. Lo que más me preocupa es Aiza, es imposible ponerse en contacto con ella y mientras Astrax podría haber logrado escapársele, eso no explica el hecho de que Aiza no se ponga en contacto.
Astrax no tiene la habilidad o el conocimiento para neutralizar a Aiza, por lo que las razones detrás de ese silencio me ponen un poco nervioso. Tal vez esta avergonzada porque una niña mimada le haya ganado de esa manera y esté intentando encontrarla por si misma antes de que nadie se dé cuenta de la ausencia de Astrax.
Es una posibilidad muy plausible, dado lo orgullosa que es Aiza, espero que eso sea lo que haya ocurrido. Mi hermana se ha ganado su confinamiento a pulso. Solo esperen a que le ponga las manos encima para hacerle pagar las consecuencias de tanta estupidez.