Max.
Me agrada estar así con ella, ambos relativamente relajados y en un ambiente neutral. Las respuestas que me ha dado sobre Líder no son lo suficientemente esclarecedoras, pero es un buen comienzo. Si lo que creo es cierto voy a necesitar más información.
Pero los indicios son claros Isis Exores es lo suficientemente antigua para usar la energía de formas que no entendemos. Incluso Vladimir es un par de siglos más joven que ella, y eso que ha vivido unos muy agitados dos mil seiscientos veintitrés años, eso podría explicar la falta de esencia o cualquier otra cosa que registren los sentidos vampíricos.
Vuelvo mi atención a la hermosa mujer frente a mí.
― ¿Cómo te llamas?
Sus labios dibujan una sonrisa sensual con un borde peligroso.
― Apuesto a que te encantaría saberlo.
―Ganarías esa apuesta― mastico otro trozo de pizza― es un poco extraño que tu sepas mi nombre, pero yo no el tuyo.
―Es mejor así, prefiero separar los negocios de los asuntos personales.
Observo fijamente sus labios, imaginando como seria acercarme y besarla hasta quedarme sin respiración. Un relamazo de deseo me recorre.
― ¿Y si quiero convertirme en un asunto personal?― demonios no sé qué es lo que me poseyó para decir algo así.
Muy probablemente no la cabeza que tengo sobre los hombros.
―Y esa es mi señal para irme― se levanta con un gesto coqueto― nos vemos Max.
Sale de la pizzería con chulería, una sonrisa pícara en su rostro.
Dios.
No intento detenerla, pues no sé qué diablos tengo en la cabeza. Lo mejor para ambos seria mantener esta sociedad completamente profesional, fin de la discusión pero mis continuos pensamientos descarriados no han recibido la notificación. Esto se está convirtiendo en una obsesión.
Sinceramente no sé qué hacer, salvo dejarlo estar.
Pago la cuenta y le envió un mensaje a los vampiros encargados de la localización de la princesa Exores un resumen conciso de lo que la señorita sin-nombre me ha dicho. No puedo esperar a ver que desentierran. Le envió un mensaje a Halec.
¿Dónde estás?
En el gimnasio.
Halec.
Es su escueta respuesta, pero no necesito nada más. Voy hacia allá.
Al entrar al local, no puedo si no apreciar nuevamente el lugar. Sin duda es perfecto para matar demonios a altas horas de la noche, tan necesario para seres que han visto y vivido demasiado como el aire mismo.
― ¿Listo para sudar?― Halec aparece sin camiseta, su cabello suelto y un botellín de agua en la mano.
Miro extrañado el botellín, antes hacer un gesto afirmativo.
Estamos hasta la una levantando pesas, abdominales, en la cinta... hacemos de todo un poco, para que cuando decidamos tocar la cama quedemos rendidos de inmediato.
Y eso es exactamente lo que ocurre.
|*****|
Son las ocho de la mañana del día siguiente cuando la modista aparece en mi puerta con el disfraz que ha escogido madre. Quiere que me lo pruebe para saber que ajustes necesita, y por lo incomodo que resulta tenerlo puesto yo diría que varios.
Las puertas del ascensor se abren denotando la llegada de Lance, quien es al que siempre le toca venir a verme cuando los abogados necesitaban que yo firmara alguna cosa, ya que es el único al que me alegro de ver, a los demás los ignoro tanto como me es posible.
―Lindo, estas para comerte bombón― se burla, acomodándose en un sillón frente a mí.
―No deberías reírte, ambos sabemos que es Melanie quien escogerá tu disfraz y no será tan elegante como te gustaría.
―Ella quería que usara un traje de Tarzán― admite.
― ¿No es ese que solo usa un taparrabos?― inquiero con una ceja arqueada, sin intentar ocultar mi manifiesta diversión― ¿Cómo lograste convencerla de lo contrario?
Porque es muy poco probable que Lance aceptara sin más usar algo así.
―Le dije que estaría prácticamente desnudo, y que todas las mujeres de la fiesta me estrían comiendo con los ojos.
―La manipulaste― aclaro.
Melanie es una cosita extremadamente posesiva, la idea de todas esas mujeres tanto humanas como vampiras estuvieran comiéndose con los ojos a su marido la volverían loca.
―No la manipule, solo le recordé que no le gustaría que me paseará por allí casi desnudo-puntualiza.
―Entonces ¿Qué otro disfraz eligió?
Siento curiosidad.
―Robin Hood y Marianne- se acomoda en el sillón.
― ¿Usaras mayas verdes?
Golpea el suelo con la punta de su pie.
―Diablos no, esa es la versión para niños. Ella se inspiró en una película para adultos de Robin Hood, no está mal y el disfraz es más mi estilo.
―Suerte la tuya, yo estoy atrapado con esto― me señalo a mí mismo.
―El cuero te sienta bien, eso es un hecho- dice sin ninguna pretensión.
La mayoría de nosotros ha tenido que usar todo tipo de ropa que en la sociedad moderna sería considerada ridícula. Esto no es la gran cosa.
―Lo que digas.
―Listo señor, mañana volveré para una última prueba― se endereza, estaba comprobando algo en la bota de los pantalones.
―No te muevas- señalo a Lance.
Lance alza las manos en un gesto de rendición.
―Aquí te espero.
Voy a mi habitación donde me quito el estúpido disfraz en un santiamén, deslizándome en un traje hecho a medida. Salgo con la cosa de cuero en la mano, deseando quemarlo pero sin poder hacerlo realmente.
Esa fiesta se trata de la familia y de complacer a mi madre.
Se lo paso a la modista que se apresura a guardarlo, sale del ático en silencio. Yo me desplomo en el sofá, mi mente viaja nuevamente a las merecidas vacaciones que estoy preparando.
― ¿Qué te parece Cabo Verde?
― ¿Para qué?
―Las vacaciones que estoy planeando tomarme, lejos del trabajo, lejos de mis padres y hermanos...
―Suena el paraíso.
―Lo es, ir a la playa surfear, nadar. Quien sabe, tal vez tenga un par de rollos de una noche― miro directamente a sus ojos― ¿Quieres venir?
― ¿Planeas tener a tu abogado favorito cerca por si te metes en problemas?
―Una gran ventaja. Tengo una casa allá, con una playa privada.
―Suena bien amigo, pero no me dejaran tomarme un respiro todavía.
―Pero puedes poner la excusa de que estarás cerca de mí por si necesitan mi firma mientras no estoy. Halec viene para estar a cargo de mi seguridad.
Simples excusas para poder sacarlos a ambos de este ambiente tan tenso.
―Parece que lo tienes todo planeado.
―Sí, eso creo― dirijo mi atención a los ventanales― Helen también viene, Rafael será parte del equipo de seguridad.
― ¿Y Aiza?
― ¿Porque todo el mundo cree que volveremos?― pregunto sin esperar una respuesta.
―Porque esa es la forma en la que se habéis estado comportando desde hace años. No puedes esperar que creamos que se acabó de la noche a la mañana.
Tiene razón, pero ni en un millón de años voy a admitirlo.
―Te diré que durante nuestra semana fuera, ella será la niñera de Astrax. Vladimir estará al pendiente de todo.
― ¿No lo está siempre?
Buen punto.
― ¿Cuándo nos vamos?― agrega con una sonrisa de dientes blancos.
―El sábado en la mañana, después de la fiesta de Halloween, no me he estado partiendo el lomo esta semana por nada. Últimamente no puedo dejar de pensar en vacacionar.
―Algo completamente valido, está bien Max. Lo hablare con Melanie y haremos las maletas, estaremos listos para salir en cuanto nos digas.
―Gracias amigo.
―No, gracias a ti. ¿Vacaciones gratis frente al mar? No es algo que hagamos todos los días.