Mi tercer testimonio llego de manera inesperada. Unos meses antes de empezar hacer este trabajo. Estaba sentado en una de las mesas del fondo del McDonald's ubicado cerca de la Plaza Italia en Palermo. Recuerdo ver el establecimiento lleno. No había pasado mucho tiempo cuando una señora de aspecto descuidado, maloliente y vestida de n***o con un jean y una blusa ancha rota en un costado, se me acerca preguntando si se podía sentar. Le respondí con un cortante "si" pensando que me pediría dinero pero yo estaba muy equivocado. La señora se llamaba Cecilia tenía unos 35 años, tenía rulos, no tenía dentadura y las manos mugrientas. Sus ojos lucían llorosos parecía desesperada creo que sólo quería que alguien la escuchara. Empezó hablando de su vida como si si la persona a la que tuviera al frente de ella la conociera de toda la vida. Vivía cerca de Los Bosques de Palermo, donde cada noche colocaba su cartón. Pero una noche tres hombres se acercaron y paso que ella jamas imaginó:
—Eran como las 23 horas, así que coloque mi cartón y me dormí, pero el ruido fuerte de tres hombres borrachos me despertaron. Yo grite para que bajaran el ruido, pero los hijos de puta no les importaba, estaban en lo suyo. Luego les lance algo pero al verme solo me golpearon. Primero vino un golpe. Luego otro y otro hasta que quede tan débil que no podía moverme. Uno de ellos me decía que si quería garchar —contándome con ojos de susto, no podía mirarme la cara, sus lágrimas habían empezado a brotar. —Luego de eso sólo recuerdo que entre los tres me agarraron, no recuerdo cuando término, pero estaba tan golpeada que no podía safarme.
Quería abrazarla esta era una historia que me tocaba muy de cerca. Solo quien ha pasado por una violación sabe cómo se siente. Debido a que la violación es como estar muerto por dentro y tratar de vivir con esos recuerdos que saben que te van a atormentar. Pensé en todas aquellas mujeres que habitan en la calle ¿Cuántas de estas mujeres han sido abusadas? Luego de eso Cecilia cuenta entre lágrimas y con la cabeza gacha que"La mañana siguiente, cuando llegue al hospital me ardía mucho la concha, nadie me quería atender por el hecho de vivir en la calle. La gente solo me miraba como boluda. Hasta que un doctor salió y al ver mis lágrimas y mi hemorragia me atendió, cuando volví a los tres meses para el control me diagnosticaron VIH y aquí estoy". Aunque no esperaba que alguien me contara una historia así a medida que me iba diciendo cada palabra las lágrimas en mis ojos empezaron a brotar. De pronto se me vino la imagen Micaela. Me preguntaba si también ha sido abusada y por eso se droga, nunca lo sabré. Ese día me conmovió y mientras esperaba a mi amiga para irnos a otro lugar, le conté un poco sobre mi vida. Cecilia ya no duerme en las plazas porque se siente insegura, le pregunte por su tratamiento contra el VIH y me respondió que ahora no planea tratarse. Mientras tanto yo pensaba sobre las repercusiones que ella tendrá en el futuro o el hecho que no solo la afectara a ella. También a las demás
Estas son tres historias de los ciudadanos marginados de esta ciudad. Esa ciudad que está a la vista de todos pero que simplemente ignoramos. Algunas llegan a la calle por decisión propia como Micaela, otros simplemente por malas decisiones, la vida se les cae a pedazos, como el señor Juan y otros por motivos que aun desconozco como a Cecilia. Historias que día a día pasan en la Ciudad de Buenos Aires, famosa por su tango, su arquitectura y sus miles de turistas, pero ahora también por sus indigentes.