El silencio después de la llamada fue más ensordecedor que cualquier explosión. "...es hora de que negociemos los términos de su rendición." Alexander seguía de pie junto al escritorio, el teléfono seguro aún en su mano. La luz de la ciudad se reflejaba en sus ojos, pero eran opacos. Indescifrables. Había hecho jaque mate. Al Rey. Isabella lo observaba desde su silla. El aire en el penthouse crepitaba con una tensión casi insoportable. Él había ganado. Habían ganado. La bala de plata encontrada en el laberinto de Eleanor había dado en el blanco. Pero él no parecía victorioso. Parecía... vacío. Ella bajó la mirada a su propia pantalla. Al disco duro de Eleanor. La carpeta que seguía allí, ominosa. "ST - Incidente Iglesia - Testimonio Ocular". La advertencia de Eleanor re

