»Cuando mi captor apareció de nuevo, vestía la mítica túnica blanca, llevaba la áspera cabellera rubia cepillada y ofrecía un aspecto inmaculado, impresionante y solemne. Otros hombres altos con túnicas blancas, unos viejos y otros jóvenes, pero todos con el mismo cabello rubio resplandeciente, penetraron detrás de él en la pequeña estancia en sombras. »Me rodearon en un círculo silencioso y, tras una prolongada espera, se elevó de sus labios un rumor de murmullos. »—Eres perfecto para el dios —dijo el más anciano, y advertí la muda complacencia del que me había llevado a aquel lugar—. Eres lo que el dios había pedido —continuó el anciano—. Permanecerás con nosotros hasta la gran fiesta de Samhain; luego serás conducido al bosque sagrado y allí beberás la Sangre Divina y te conver

