»Y durante los días que siguieron, hubo en la fortaleza un estruendo y una agitación sin límites. De todas direcciones llegaban carromatos hasta sus puertas. Miles de pies pasaban a su interior. A todas horas se oía el rumor de gente avanzando, acudiendo al lugar. »Finalmente, Mael y ocho de los druidas vinieron a verme. Sus túnicas blancas y limpias olían al agua de la fuente en la que habían sido lavadas y al sol bajo el que se habían secado. Sus cabelleras estaban cepilladas y lustrosas. »Con gran cuidado, me afeitaron por completo la barba y el bigote. Me cortaron las uñas. Me peinaron y me vistieron con otra túnica blanca. Y luego, ocultándome por todas partes con unos velos blancos, me condujeron de la casa a un carromato cubierto, también blanco. »Distinguí brevemente a otr

