Calisto abrió la puerta e ingresó a un enorme palacio construido dentro de la montaña misma, todo era de roca oscura y fría, el suelo era húmedo y el aire resultaba difícil de respirar. Stavros entonces sacó una linterna y alumbró al fondo hasta que la luz comenzó a debilitarse más allá, Ki, Ni y Mi miraron la linterna con mucho interés y comenzaron a lanzarse miradas para planear cómo hurtarla del gigantesco rubio con casi albinismo. Pero Stav sonrió al verlos plantearse siquiera la posibilidad de llevar a acabó dicha acción, ni siquiera parecían conscientes de que era evidente su plan, dado que los tres péqueños demonios no sabían disimular en lo absoluto. Con aire divertido Stav se colocó la lámpara en la cadera y la dejó ahí, a la vista y fácil alcance. Así pues Ki estiró la manita

