Ariel se puso en guardia y desenvainó la espada, mientras Baal posaba su mano derecha en la tapa de un precioso cofre grande de marfil e incrustaciones de miles de zafiros. - ¿Exactamente que piensas que haya dentro?. Le preguntó Baal al otro quien se hallaba extremadamente tenso. Su atractivo rostro se mostraba muy serio y con los bellos ojos color miel entrecerrados observando atentos el cofre. - Solo ábrelo. Le ordenó. Baal asintió y entonces recitó unas frases en nehmerio antiguo y luego de unos segundos se escuchó un "clic". Dentro había una daga muy bella, era larga y brillante, tan reluciente y deslumbrante que parecía estar hecha de espejo. Todo a su alrededor se reflejaba en la hoja y en el empuñadura, no tenía mingos otra decoración que las piedras azules; solamente era

