Cal se detuvo fuera de una extraña edificacion que ofrecía una tétrica apariencia desde el exterior, si a simple vista aquel sitio lucía espeluznante, el pobre de Calisto no se quería imaginar cómo luciría por dentro. Al sujetar la pesada aldaba, Ki le detuvo sin tocarlo antes de que la dejase caer sobre la madera. - No deberías llamar la puerta. Le aconsejó el pequeño diablillo. Cal asintió y con mucho cuidado dejó la aldaba como estaba. Entonces tomó el picaporte y giró de él, pero obviamente éste no se abrió ya que la puerta estaba cerrada desde dentro. - Se necesita una llave… Le dijo Ni mientras Mi asentía con frenesí. - ¿Y donde está la llave?. Les preguntó Calisto alzando la ceja izquierda. - La tiene Belfegor. Le respondió Ki. - ¿Belfegor?. Repitió Cal. - Asi es, y y

