Calisto sintió una fuerza muy basta en la cercanía. Ésta no hacía más que acrecentar conforme avanzaba por el largo pasillo en compañía de Fen, Stav, Ki, Ni y Mi. Estos últimos seguían bastante interesados en la linterna que colgaba de la bandolera del tarkaro, y de cuando en cuando se abalanzaban sin éxito hacia ella, dando de bruces contra el suelo o chocando entre ellos. Entonces Fen se detuvo en seco y al mismo tiempo sujetó a Stavros del fuerte antebrazo y lo jaló hacia él. Stavros se giró hacía Fen y lo observó confundido, entonces el hermoso vampiro le quitó la linterna velozmente para luego dársela a los tres demonios que comenzaron a dar saltitos haciendo temblar sus cuerpos gorditos. Stavros entonces entrecerró sus gatunos y fieros ojos azules y torció la boca en una mueca mo

