El cielo parecía querer desplomarse esa tarde. Como si también sintiera el peso de los días pasados en la ciudad, de las palabras que se dijeron y que habían dolido, de los silencios que eran mas ruidosos entre ellos que cualquier grito. La tormenta no pidió permiso para entrar. Llegó con truenos que hacían temblar las ventanas del pueblo y ráfagas de viento que silbaban entre los mezquites. La tierra se empapaba sin tregua, y los caminos de terracería ya eran más lodo que camino. A lo lejos, los tractores guardaban silencio. Solo quedaban la lluvia... y el corazón encogido de Simón. No podía sacarse las palabras del viejo Alfred de la cabeza , pese a ya haber hablado con Selene sobre eso: "Cuando un hombre ama a una mujer así… no se esconde." Recordar fue todo lo que necesitó, para su

