Soportándolo todo por amor…
Por nosotros…
Mi madre diría que soy maduro…
Yo diría que te encontré.
Si hubieras visto tu cara roja cuando te vi en aquel lugar. La vez que caíste por tropezarte conmigo al no vernos caminar hacia el otro. Cuando escuché tu voz entusiasmada al contarle al único grupo de niños de tu edad que de grande ibas a ser una abogada porque así protegerías los derechos de los niños y les darías una mejor vida. Cuando me saludaste con un apretón de mano y me enseñaste que debía cuidarme y obedecer si quería pasarla bien el tiempo que iba a quedarme allí.
Ay…, Débora. Me dueles y eso me perjudica. Ver y como causas que me abstenga sin darte cuenta o que evites mi despertar sin mover un solo dedo. No creía en sentir sin tocar, pero cuando volviste supe lo que conlleva hacerlo. Ese primer beso fue el primero de muchos que desearía poder darte. Obtendré lo que es mío por reclamo, pero también estaría obteniendo una condena para no verte. Un debate que me detiene y ofende mi ser. Mi alma pena por ti y reclama la tuya… Para mí.
Como los recuerdos van y vienen sin importa si duelen y como el sentimiento de culpa no desaparece sin importar si hiere. Por ti y por ella. Por algo que sucedió y no tiene respuesta. La clave está en mi y solo en mí y los daños puede pagarlos una persona y es la que está delante de ti….
Verla sonreír es más que doloroso cuando escondo algo que es capas de alejarla.
- ¿Dónde está?
-Hay que rodear la cabaña primero -tomo su muñeca sutilmente y camino.
Quería preparar algo como disculpas por la otra tarde, y el saber que es una chica sencilla no fue nada fácil al estar indeciso y pensar que algo podría ser exagerado.
Podría ser nuevamente compulsivo al ver su rostro con ganas de violar sus reglas, pero me contengo. Su mirada fría se convierte en completa perplejidad al instante y sus ojos viajan a los míos atrapándome mientras las observaba en silencio.
- ¿Qué es todo esto? -pregunta, pero no logro entender-. ¡Lían! -salgo de mis pensamientos, veo lo que hay a unos pasos de nosotros y siento como mueve el agarre de su muñeca en mi mano, esperando.
-Una forma de decirte que me disculpes.
- ¿Y se supone que el motivo de que te aparecieras en mi casa, entraras sin permiso y me dijeras que querías mostrarme el lago en realidad era por esto? -ladeo la cabeza y hago que nos acerquemos-. No sé cómo tomármelo. En serio. Creo que de verdad no entendiste y me estas tomando a chiste.
- ¿Qué? No, Débora.
-Sí, Lían, porque vine aquí solo para que dejaras de insistir, llego y me encuentro con esta grata sorpresa de disculpas. ¿Es una broma, acaso?
-No me esperaba que te lo tomaras así, sinceramente.
- ¡Porque solo piensas en ti! -murmura muy enojada-. ¿Sabes qué? Está bien. Disfrutemos de esto como si no haya pasado nada para no arruinarte el momento, pero cuando volvamos al auto borraremos las sonrisas falsas y volveremos a la normalidad.
-Solo es una tela con comida encima del césped, ¿qué hay de malo en eso?
-No lo entiendes.
-No. No lo entiendo porque quiero que me lo expliques -se queda callada-. ¡Quiero entenderte! Ser bueno contigo y que confíes en mí. ¡Ser bueno para ti!
- ¡No soy buena para ti! -al escucharla no puedo hacer más que mirarla con desconcierto-. No puedes llegar de la nada y arrasarlo con todo -se suelta y camina tomando aire, dándome la espalda-. ¡Eres nuevo para mí! No puedo confiar en alguien que acaba de llegar, no puedo permitirme hacerlo y repetir la misma historia.
- ¿Qué historia? ¿De qué hablas?
-De la historia donde confías en alguien para luego terminar destrozada y ser la más perjudicada -hace una pausa-. No puedes llegar y revolucionar en la vida de alguien, Lían.
Sus sollozos se hacen presente y mi angustia me obliga a acercarme para saber si está bien.
-Yo no pienso hacerte daño -digo suave-. Todo lo contrario… Quiero que me cuentes de ti y saber el motivo de tus pensamientos tan cerrados. Escuchar las razones por las que te escondes del mundo evitando ver la belleza que aguarda en ti.
- ¿Y qué es lo que obtendrás a cambio? -me acerco y toco con mis manos sus brazos-. No…
-No quiero nada más que estar presente -intento abrazarla por detrás y lo logro, oliendo su cabello y sintiendo su cuerpo tan frágil-. Hay mucho por contar, pero me da miedo alejarte. Antes de conocerte no tenía una vida, ni siquiera sabía lo que era estar preocupado, hasta que llegaste y cambiaste algo. Lo hiciste y eso me impide dejarte.
¿Qué haces? ¡Piensa con la cabeza y déjate de tonterías, Lían!