Débora fue el nombre que me obsequiaron cuando tenía tres años de nacida y cuando una muchacha se hizo cargo de mí para cuidarme y enseñarme. Me dijo que ese nombre era especial, pues que, en la biblia, Débora fue la responsable de reunir a un ejército de israelitas para luchar contra los cananeos. El ejército cananeo tenía muchos soldados y carros de combate. Aquello hacía temer al ejército israelita, pero no a Débora; ella sabía que Jehová los ayudaría.
Nunca entendí la razón por la que me proporcionaron ese nombre ni por qué fue tan especial como me hicieron saberlo. Pero ahora que estoy más grande puedo ver la valentía de aquella chica llamada Débora, como dice en la Biblia, y su fe más fuerte que su rendir. Me decían que yo debía ser ella y continuar siempre creyendo en que iba a ser salvada.
Que iba a reunir fuerzas para salir y ser alguien quien no iba a tener necesidad de mendigar por sobras y mucho menos esperar algo de los grandes. Esa fue mi misión y la promesa que le hice a la muchacha que estuvo a cargo de mí, la cual falleció un par de años antes de que saliera de ese lugar. Recuerdo que ella creyó en mí desde un principio y no dejó que me dejaran a la buena de Dios, fue la que me dio de comer a pesar de no tener para ella, la que luchó por darme un techo, aunque eso significara trabajar demás en el orfanato y obtener nada más que tener dónde vivir. Fui su regalo y el demostrar que puedo es mi agradecimiento.
El ver sus últimas lágrimas correr por su mejilla y saber que era su partida plantó en mi una meta, y ver el llanto y la tristeza falsa de los que nos negaron por muchos años la vida… Fue el motivo por el cuál llegué hasta donde estoy. ¿Pero el sentir culpa por abandonarlos y soñar con mejorar estaba bien?
Con el paso del tiempo fui viendo los días de maneras diferentes. Uno me resultada alegre y con esperanzas mientras que el siguiente me resultaba gris y sin sentido. Crearon a una persona que no sabe lo que es estable, que muere por sentir y aprender a vivir sin huir. A afrontar sus miedos y abandono. A querer de nuevo y a confiar en las palabras.
-Débora… -llama mi amiga.
- ¿Por qué me llamas por mi nombre últimamente?
-Porque siento que estás enojada conmigo.
- ¿Y por qué sientes que estoy enojada contigo, Daila? -inclino mi cabeza hacia atrás en la silla y veo la sala de cabeza.
-Porque fui la que hizo que Jones te presentara a Lían.
- ¿Y por qué piensas que estoy enojada por eso?
Suspira.
-Porque él es responsable de tus dolores de cabeza y tus enojos repentinos.
-Daila… -la miro comiendo delante de mí y enarco una ceja-. El problema en esta ecuación es Lían. Él es la equis. La incógnita entre todo este desastre.
- ¿Me quieres contar? -pregunta, nerviosa.
Le había dicho que no quería hablar de él desde que regresé de la cabaña, tampoco me ha preguntado algo al respecto ya que cuando lo hacía la evitada o me ponía histérica. Más ahora con lo que pasó. Y me siento mal porque ella no tiene la culpa de que el amigo de su novio sea un completo imbécil y descarado.
Asiento y me sonríe triste.
- ¿Han discutido?
- ¿Conoces a Lían?
-Solo lo que me cuenta Jones cuando le pregunto si es una buena persona para ti -le doy una sonrisa tierna.
-Pues Lían es todo lo contrario a lo que esperaba cuando lo conocí en la fiesta como amigo de Jones -hago una pausa, pensando-. Primero es un completo inmaduro, luego se comporta como un caballero para terminar siendo un idiota conmigo -ella escucha atenta-. Y no lo entiendo. En casa de Jones me dijo que quería que me quede luego del beso que me dio, pero terminó por presionarme y obligarme a hacerlo de nuevo. ¿Cómo logras entender a una persona así?
-Quizá tenga un problema de bipolaridad.
-Entonces es un problema muy severo -niego y tiro mis brazos a lo largo y pongo mi mentón encima de la mesa para mirarla, cansada-. ¿Crees que haya hecho bien en irme luego del beso que me dio en el área de juegos?
-Hiciste bien en irte luego de que te haya obligado a besarlo -asegura-. He visto eso en películas y me parece muy tóxico, pero romántico. Ahora, si eso pasa en la vida real, como lo que pasó, debería de prohibirse. Es más, no deberían romantizar ese tipo de escenas porque las personas lo ven como algo lindo.
- ¿Jones te trata de esa manera? -agarro un poco de su jugo y la miro pensar.
-Él se porta muy educado, a veces se logra pasar de la raya, pero es algo que yo lo permito. Así que no lo tomo como que me obligue a hacer cosas que no quiera.
- ¿Y te da confianza?
-No me he puesto a pensar en ello -comenta-. Pero luego de saber que la chica con la que estaba era su prima… no he vuelto a preocuparme sobre nuestra relación.
-Espera, ¿cómo supiste que la chica era su prima?
-Le pregunté y le enseñé la foto de ellos dos sentados para que no me mintiera.
- ¡¿Qué?! -me rio con gracia. Estoy disfrutándolo.
- ¡No te burles…! -el timbre suena antes de que logre terminar de regañarme-. Yo voy -se levanta y sacude sus manos antes de abrir la puerta y quedarse en silencio.
- ¿Quién es, Daila?
-Es…
-Lían -dice él desde la puerta, sin lograr verlo-. Soy yo, Débora.
Daila me mira y yo no se qué decirle. Niego y ella entiende.
- ¡Lían! Qué gusto verte. Débora en estos momentos no se encuentra disponible -río al escucharla mientras me levanto para ir a mi habitación-. ¿Quieres dejarle algún recado? No… ¡Lían! -no puedo terminar de escuchar porque entro y cierro la puerta a mis espaldas para sentarme en mi casa.
Abren y lo veo parado a unos pocos pasos de donde estoy. Daila se apresura y me mira con súplica.
-Le dije que no podía entrar, pero es más fuerte que yo -se justifica.
Me levanto con intensiones de salir de allí, pero él no se mueve y me impide dar un paso más.
- ¿Permiso? -hablo con sequedad.
- ¡Me acabo de acordar que tenemos que irnos a hacer la manicura! -dice mi amiga detrás de él.
- ¿Ya oíste? Tengo que irme.
-No, no he oído bien -dice serio.
Entro en un debate con él mientras nos miramos muy amenazantes.
-Lían -lo llama Daila-. Débora tiene cosas que hacer ahora mismo. Si nos permites…
-Débora tiene que ir conmigo a un lugar -dice-. Puede hacerse la manicura en otro momento.
-No puedo… Y no quiero -digo lentamente lo primero.
Pasa una mano por su cara y se impacienta.
- ¿Puedes, por favor, acompañarme? -miro a Daila y recuerdo cuando me dijo que Lían puede tener un problema de bipolaridad.
-Lían -me mira, ahora un poco esperanzado-. ¿Por qué has venido?
-Porque tenemos que hablar.
- ¿De qué?
-De nosotros.
Rio.
-No hay un nosotros, Lían.
-Claro que lo hay -asegura-. Y lo habrá, Débora.
- ¿No te quedó claro lo de no acercarte a mí? -lo encaro.
- ¿No te dije que no escucho bien? -me responde.
-Ok, chicos… ¿Y si vamos todos a conversar a la sala?
-No.
-No.
-Bueno… Entonces ¿me voy? -me mira y yo, cansada de esta situación, asiento-. Entonces no se maten, por favor.
Él ríe y niega.
-Débora, quiero mostrarte algo.
- ¿Vas a obligarme a ir contigo de nuevo? Porque si es así te juro que…
-Solo quiero que me acompañes a la cabaña -me interrumpe, nervioso.
- ¿Para qué?
-Para que conozcas el lago.
- ¿Qué lago?
-Solo vamos -lo miro por última vez y asiento no tan convencida-. Prometo ser un caballero esta vez.
-No prometas algo que no va a ser constante -evito el roce de mi brazo con su hombro al pasar por su lado-. Solo evita acercarte a mí y estaremos bien.