La noche estaba cayendo y nosotros ya habíamos comido. Un grupo de personas llegaron muy cerca de nosotros para hacer una fogata y nos invitaron a pasar en ella un rato. Claro que aceptamos, nos divertimos y escuchamos atentos las anécdotas de tres de ellos mientras comíamos malvaviscos sentados alrededor del fuego. Daila y Jones estaban juntos, pero Jones fruncia el ceño cada que quería ofrecerle una cerveza y ella negaba para coger otra. No entendía, quizá su molestia o incomodidad de todo lo que ha pasado se esté presentando ahora. Por mi parte me encontraba frente a ellos, a mis lados estaban los chicos nuevos y Lían se encontraba unos puestos más a la izquierda que Jones, mirándome mientras me enseñaban que mientras el malvavisco esté totalmente quemado más rico sabe. Mentira. Era asqueroso como comer el arroz quemado de Daila cuando se ofrecía a cocinar en casa.
Más tarde, fueron a meterse al mar y nosotros nos despedimos para regresar a lo nuestro. Estaban dementes si creían que íbamos a acompañarlos a morir congelados por el agua que ahora se veía totalmente oscura. Daila me miró y supe que esa era la señal.
-Lían, ¿me acompañas un momento a caminar? -el nombrado me miró muy desconcertado, pero se levantó y fue conmigo que ya estaba de pie y caminando hacia la orilla de la playa-. Disculpa si interrumpí tu comodidad.
- ¿Hay algo que quieras decirme? -caminamos y no le digo nada hasta que siento que estamos lo suficientemente alejados para poder escucharlos.
-Solo quería dejarlos solos -dije.
-Por un momento creí que tenias algo importante que decirme -niego y me abrazo a mi misma-. ¿Tienes frío?
-El clima de noche en la playa no es tan comprometedora que digamos -murmuro.
Propone sentarnos y acepto abrazando mis piernas. Ver la oscuridad delante de mi y que el romper de las olas sea el único color que encuentre me da una sensación triste, pero esperanzada. Ahora mismo me siento como un alma en pena que no pudo tener un destino y deambula sin tener un rumbo fijo. Sola. A pesar de estar acompañada.
- ¿Qué tanto piensas, pequeña gritona? Confiesa tus pecados.
Rio.
-Confiésame los tuyos -propongo, divertida.
-Te morirías si lo hago -encoge sus hombros-. Soy un hombre con secretos oscuros.
-Ah, ¿sí? -asiente-. Dime uno de ellos a ver si me lo creo.
-Tengo un trauma y mato a personas, por ejemplo -el ríe mientras que yo ya no-. ¿Te lo has tomado en serio? No me lo puedo creer.
-Por un momento lo creí porque iría con tu personalidad, la verdad -confieso.
- ¿Dices que ser un asesino en serie va conmigo? -asiento, convencida-. Gracias por el cumplido.
-Digo que serías un asesino muy cruel si lo fueras -explico.
-Gracias por el cumplido -repite, orgulloso.
Giro un poco mi rostro y ver que Daila y Jones siguen hablando, pero esta vez están tumbados en una de las sillas, abrazados, riendo, besando… Recuerdo el beso que Lían me dio en el área de juegos, sus labios y su respiración pausada, la manera en que tenía su mano en mi cintura y en la manera que yo buscaba de él. Siento que me observa así que me escondo entre mis piernas.
- ¡Chicos! -nos llaman-. ¡Vengan, es hora de abrir la botella!
- ¿Cuál botella? -pregunto.
Lían giña un ojo y me ayuda a levantarme para ir con él hacia la parejita.
-Vamos, tenemos que seguirles la corriente, luego hablas con tu amiga y me cuentas lo que haya pasado entre esos dos.
Espera… ¿Lían es chismoso? ¡No me lo creo!