La vida se trata de ganar o perder.
Pero no siempre se gana y el perder es parte de ella.
-Dicen por ahí que todos los jueves en el mismo bar de la esquina de la calle 2 del burdel 23, un hombre de saco n***o y zapatos bien lustrados pasa horas en busca de una bella dama para saciar sus deseos más perversos… Llevarla a su departamento y hacerle cosas sucias y sangrientas… Primero las seduce con sus encantos, luego las convence de ir con él y, por último, las toma como suyas a su antojo y las termina desechando de la forma más asquerosa -asegura-. Nadie sabe quién o por qué lo hace.
-Ese hombre…, ¿cómo es?
-Las mujeres lo describen como el hombre más cotizado del mercado, sabemos a cuál se refieren. Sexy y adinerado -describe el de la barra-. Un hombre imponente.
-Con que imponente… -alza su vaso con whisky y moja sus labios, deleitándose por lo que escucha. Sintiendo lo amargo de su sabor-. Cuéntame más.
-Sinceramente siento que es eso, un mito. Aunque actualmente sale que él sigue asesinando, pero no hemos visto a alguien así en mucho tiempo. Solo a los adinerados ansiosos.
-Me recuerdas qué calle es esta, ¿por favor? -pregunta, algo curioso y disfrutando del momento.
-Calle 2 -asegura.
- ¿Cerca de?
-Del burdel 23 -asiente, haciéndose a un lado para atender al otro hombre que acaba de llegar.
-Calle 2 del burdel 23… -susurra muy cerca del cristal para sí mismo. Divertido, mirando a un punto fijo de aquel bar.
-Lamentablemente, gracias a lo que está ocurriendo, pocas personas vienen al bar. Aunque tengamos a las mujeres más hermosas no quieren regresar -habla en un tono melancólico, pero con mucha ira-. Las ventas han bajado por culpa de ese miserable de mierda. Por ese asesino jamás visto.
En su mente no puede evitar reírse del momento. Le da gracias ver cómo describen a esa persona y por cómo lo han ubicado en tan poco tiempo. Le divierte y goza saber que hay alguien tan relevante haciendo y deshaciendo por aquellos lugares poco higiénicos.
-Gracias por los detalles. Estaré alerta -sonríe con ironía y saca su chequera-. ¿Puedes ayudarme diciendo qué día es hoy?
-Es jueves, pasado de las once.
-jueves pasado de las once, en un bar de la esquina en la calle 2 del burdel 23… ¿Correcto? -sonríe con malicia para sí mismo.
Casi la media noche.
-Claro, señor. ¿Desea otro trago? -agarra la botella de una de las repisas de vidrio y la acerca al vaso.
-Muy amable, pero debo irme -arranca el papel y se lo extiende dejándolo con intriga-. Es un cheque con algo de dinero. Me dijiste que las ventas están bajas y quise ayudar como buen hombre que soy.
Buen hombre.
-Muy considerado de su parte. Espero tenerlo de vuelta, las puertas estarán abiertas para usted -le asegura, tendiéndole la mano con empatía.
Da un último trago, expectante del líquido fuerte en su garganta, cerrando sus ojos por la sensación complaciente. Suena el vaso contra la barra de madera reluciente y da media vuelta agarrando su saco n***o detrás de la silla. Empieza a caminar con pasos largos en dirección a la salida, cuidando de no estropear aquellos zapatos relucientes que acaba de comprar la misma tarde.
-Con que dicen por ahí, ¿eh? Es un apena tener que irme del lugar cuando esto apenas estaba empezando…