—Si intentas algún truco —amenaza James Ouviert apretando la pistola a mi frente aún más—, todos están muertos. Trato de pasar el nudo en mi garganta pero esta se ha sellado. —Esto es lo que vamos a hacer —ordena a nadie en particular—. La habitación de al lado está siendo asegurada en este momento así que, ustedes van a caminar uno a uno hacia la camioneta de afuera sin intentar algo estúpido. ¡Tú! Se dirige al hombre armado que está detrás de él y se aleja de mí, recargándose en la pared, el alivió momentáneo entra en forma de oxígeno a mis pulmones. Una sonrisa de triunfo se dibuja en su estúpido rostro cuando observa a Alex a merced de otro hombre. —¡Llévatela! —ordena sin quitarle la vista, Alex le regresa una mirada de desprecio. El rostro del hombre que me levanta de la cama

