Recuerdo: 3 tristes tigres

709 Palabras
Capítulo 6: Recuerdo: los tres tristes tigres -Tres tristes tigres tragan trigo en un trigal ... -...  en un trigal tragan trigo los tres tristes tigres. -  sonreí.     Caminamos a la cooperativa escolar entonando el trabalenguas, ya que, quedamos agotadas tras la gran exposición, necesitábamos agua porque nuestras gargantas estaban resecas. -Tres tristes tigres tragan trigo en un trigal ...- comenzó Liz. -... en un trigal tragan trigo tres tristes tigres. - seguimos a coro Lucí y yo. Sonreí ya que probablemente parecían retrasadas. -Un agua, por favor. - Liz extendió un billete de cincuenta a la señora que atendía, me quedaría a su lado esperando. Percibí que alguien estaba a mi lado derecho, volteé discretamente y me topé con el perfil de Falcón. Dudé, ¿le hablo? Quería hablarle, saber cómo era su voz, así que después de una corta deliberación y una larga respiración, me dirigí a él y decidí preguntarle la primera estupidez que me vino a la mente. - ¿Verdad que los tres tristes se dispara ... trigue ... tigres, estaban tristes por que los tri ... ¡los tigres! ¿no comen trigo, comen carne? . - me esperaba lanzar de un barranco, quise salir corriendo en el momento en el que empecé a tartamudear. ¿En serio? De todas las maneras de iniciar una conversación, sé yo tuve que sufrir eso. No cabía duda que me había dejado las neuronas en casa. -Si. - esa simple palabra ... eso fue lo que necesito para sentir que mis piernas me fallaban, ¿Cómo era posible tanta sensualidad en una sola persona? me pregunté, lo que me dejo casi en el suelo fue lo que acompañó esa palabra pronunciada con una voz levemente ronca, me dedicó una sonrisa a los medios, probablemente en su mente me necesitaron por retrasada. No importaba ... igual mi orgullo ya había muerto. Él, seguido se retiró dejándome con las piernas temblorosas, un gran sonrojo y un gran problema con mis hormonas. -Mis ovarios acaban de explotar. - susurró Liz, mientras observamos cómo se encaminaba a su salón derrochando una confianza envidiable. -SI. -susurré esperando que Liz no me hubiera escuchado, por desgracia, lo hizo. Escuché su risa y reprimiendo un suspiro quise ocultar mi cara que se identifica completamente ruborizada. . Falcón estaba ahí, en la puerta del comedor, incluso más atractivo que antes, su cabello n***o ligeramente ondulado que siempre toca, sus ojos negros que me han hecho olvidar todo a mi alrededor observaban con el mantenimiento de la escena frente a él. Sus penetrantes ojos se posaron en los míos dejándome sin aliento, por su rostro sin detectar ninguna señal de reconocimiento, apenada aparte la mirada, tonta, sin eras tan importante para él como para que recuerdes, ni tu nombre, pensé con tristeza. Esto debe ser una broma, una cruel broma me dije a mi misma. -Les presento a mi hijo, Falcón. - El señor que tenía certeza era su padre dijo esas palabras que tanto temían y tenían de digerir. - ¿Qué está pasando aquí? . - Habló Falcón, no me falta conocerlo para saber que estaba enojado, muy enojado. -Nos encontrábamos acordando una fecha para la boda. - Habló la mujer. -No pienso casarme. -Dijo con una voz calmada y controlada, sin mostrar emoción alguna, sin embargo, notaba como en sus palabras se escondía una amenaza, me estremecí. Pues ... si ya estamos con las objeciones ... -Yo tampoco pienso casarme. - me puse de pie rápidamente, logrando mantener un semblante serio. -Edith ...- mi madre pronuncio mi nombre advirtiéndome que me callara y me sentara y no me ponga mis moños. Le dirigí una mirada diciéndole que si me los iba a poner. -No, que mi padre ...- me atragante con la palabra, me daba asco pronunciarla. - pague sus propias deudas, a mí no me metan en sus problemas. Seguido de ese pequeño e infantil arranque me encamine hacia donde estaba la puerta de salida. No quise ver a Falcón, mi pecho empezaba a doler, ¿cómo es posible que tenga ese efecto en mí? Idiota, idiota, soy una idiota, con la mirada baja pase a su lado evitando tocarle. Caminé por los pasillos rápidamente buscando la puerta de salida, una vez la encontré salí rápidamente queriendo olvidar todo lo que había pasado, realmente olvidado olvidarle, ¡maldita sea! Cuando por fin me empezaba a acostumbrarme a la idea de no volver a verlo ... ¿Por qué?
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