Una hora y media después, estaba lista junto a mi hermano y mi madre para salir.
En todo el camino me dediqué a escuchar música y cantar en silencio, algo así como a mover los labios sin dejar salir ningún sonido, ya que cantaba muy feo según Román. Me gusta escuchar en su gran mayoría canciones en inglés, no es que no me gustaran las canciones en español, también las escuchaba, pero por alguna razón me agradaba más el inglés.
Un gran error fue no prestar atención a mi alrededor mientras me dejaba llevar por la música, lo supe al ver por la ventanilla del carro y observar la carretera, habíamos salido de la ciudad.
- ¿A dónde vamos? - Pregunté confundida mientras me quitaba un audífono para escuchar mejor.
Mi madre y Román no se molestaron en responder, me ignoraron. Me quedé en silencio confundida y frustrada. De repente mi madre paró frente a un gran portón n***o que yo juraba no estaba allí.
-Identificación. - se escuchó una voz gruesa de fuera, era un hombre robusto, vestido de n***o, no podría ver su cara más allá de un bigote y mejillas regordetas ya que estaba bastante oscuro.
Mi madre sacó un papel y se lo entregó al hombre, este asintió e hizo una señal a alguien a su espalda y seguido se abrieron las puertas del portón. Me quedé estática.
El portón quedaba perfecto con la gran mansión que se tenía más adelante, rodeada por un jardín que, aunque no podía ver con mucha claridad, sabía que era magnífica. La mansión tenía un aire antiguo y a la vez moderno, de tres pisos y balcones amplios.
-Vamos. - mi madre estacionó, apagó el automóvil y salió rápidamente, la seguí junto con Román hacia la gran puerta, los nervios me asaltaron y me pregunté qué hacíamos aquí.
Una vez parados frente a esta, mi madre tocó la puerta firmemente, me pregunté si no tenía timbre, busqué con la mirada y sí, encontré uno, lo toqué y se hizo el silencio, probablemente sonara por dentro, me dije. Me disponía a salir corriendo de ahí cuando se abrió la puerta, nos recibió un hombre vestido como mayordomo con facciones duras y un cabello canoso.
-Por aquí. - El hombre se dio vuelta asumiendo que lo seguiríamos. Mi madre y Román se adelantaron, claramente confundida, los seguí, observando la decoración elegante en el tapizado, los muebles, todo combinaba perfectamente. Yo no sabría cómo lograr algo así, con un poco de ironía me dije que probablemente era el trabajo de decoradores de interiores.
Choqué contra la espalda de Román y suspiré con fastidio.
-Los señores están esperando. - el mayordomo abrió una puerta color caoba revelando un gran salón de estar, nos dejó al pie de la puerta y se retiró en silencio.
Seguí a Román cuando avanzo siguiendo a mi madre, me encontré con un hombre y una mujer, posiblemente los señores de la casa, dada la ropa que llevaban, seguramente costaba lo que nunca habré gastado en toda mi vida.
El señor era de aproximadamente cuarenta años, cabello n***o, ojos color gris oscuro, la mujer aparentaba no más de treinta y cinco, era muy hermosa, cabello igualmente n***o, pómulos altos y facciones finas, ojos color marrón claro.
-Siento la tardanza. - escuché la disculpa proveniente de mi madre, si por tardanza se refería a llegar una hora tarde, entonces si habíamos tardado, ironía, sin embargo, no me dejaba de preguntar quiénes eran estas personas que tenían expresiones amables.
-No se preocupe, supongo que esa hermosa señorita es su hija. - habló la mujer amablemente.
A pesar de que escuchaba esas palabras a menudo me ruboricé un poco.
La verdad es que nunca me faltaron halagos, desde pequeña llegaban siempre comentarios como: "Que bonita" "hermosa" "atractiva" y nunca me faltaron pretendientes, debido a que tengo una alta autoestima y probablemente demasiado egocéntrica. Soy consciente de ello, sé que puede ser peligroso, por eso intento de que no se me suba a la cabeza. También tengo otro defecto o virtud (yo la considero parte de las dos), soy una coqueta a morir, flirteo con los chicos seguido y a veces me siento como una zorra y otra me digo que una cosa es coquetear un poco y otra muy diferente es besarme y meter mano con el primero que me pase por enfrente.
Los pretendientes no me faltaban, sin embargo, pocos me llamarán la atención, y si pasaba eso ... podrían pasar dos cosas: la primera es que una vez flirteaba con ellos y revela el misterio sobre ellos y ya no había nada nuevo que descubrir, me aburría. Suena cruel, pero es la verdad, no soy ninguna santa y lo sabía. La segunda opción era que él ni yo dirigía la palabra o la mirada y eventualmente me aburría de él también.
Al menos hasta que llegó el. Fue lo que marcó la diferencia, con esa aura de misterio que lo rodeaba siempre, me conformaba con verlo una vez al día para pensar en él por horas enteras, solo me bastaba con verlo para olvidarme de la existencia de cualquier otro.
La verdad es que yo quisiera enamorarme como se cuenta en los libros, loca e irremediablemente, sin embargo, al ver que me aburro con facilidad de muchas cosas comienzo a pensar que tal vez a mí nunca me pase, comprendiendo que fácilmente alguien que siempre sea un misterio para mí para poder estar con esa persona y al verlo a él, ahí, a pocos metros de mí, esperaba que fuera de ese misterio.
De vuelta a la realidad, le regalé a la mujer mi mejor sonrisa cortés.
-Gracias. - dije manteniendo una expresión de amabilidad.
-Procedamos a cenar. - Nos encaminamos a un gran comedor, una vez sentados y la cena servida comenzamos a comer, menos yo.
Lo que yo decidí hacer es ver fijamente la comida frente a mí esperando que me comiera ... por supuesto, que me comiera con elegancia, no es que se viera asquerosa, se simplemente diferente, elegante, demasiado elegante para mí.
A fuerza de voluntad agarré los cubiertos, quizás los equivocados, ya que había muchos al lado del plato, ¡dos tenedores! Con uno suficiente, lo peor es que yo los veía idénticos. Con trabajo sabía usar el tenedor, la cuchara y el cuchillo.
Tratando de lucir lo más propia posible hice uso de los buenos modales que mi madre me inculcó desde pequeña y recé por estar haciéndolo bien.
-Supongo que se preguntaran porque los cité aquí. - separados el hombre.
A mi prácticamente me engañaron para estar aquí, quise comentar con todo el sarcasmo posible, sin embargo, me contuve.
Mi madre asintió en silencio, "cuanta tensión", pensé.
-Quisiéramos concertar la fecha del matrimonio cuanto antes. - habló la mujer.
Instintivamente me tensé. ¿Matrimonio?
-Tu padre ...- miré a mi madre entendiendo.
-El aceptó un matrimonio de conveniencia a cambio de que le libre de todas sus deudas ...- prosiguió mi madre.
No sabía que podía tener más tensión, pero comprobé que sí.
Salí del shock al escuchar una puerta a mi espalda ser abierta.
Con curiosidad volteé a ver quién había entrado, y lo que vi me dejo sin aliento.
-Falcón ...- logré decir en voz tan baja que apenas escuché mis propias palabras.