2. El inicio de algo

1183 Palabras
Mi suegra no me dejó tomar ninguna decisión sobre la boda, ni sobre el vestido, ni sobre nada. Me dijo “Para un evento así, de una familia de alta clase, es mejor que me dejes a mí, no estás adecuada”. Así que, en mi propia boda no tuve ni voz ni voto desde el inicio hasta el final. Pero no me puedo quejar del todo. El vestido elegido está precioso, los zapatos, la decoración del lugar, todo se ve impecable, incluso me siento mucho más bonita que de costumbre en estas piezas. Parezco una princesa. Tocan la puerta y doy el visto para pasar. Después de arreglarme, la señora Belte decidió dejarme a solas un rato, para asimilar todo lo que iba a pasar a continuación, y para tener un pequeño rato conmigo misma antes de estar rodeada de gente y reporteros. —Cariño, ya es hora. La señora Belte siempre ha sido muy amable conmigo, a pesar del trato, de todo su dinero y su posición. Uno espera a que sea una mujer gruñona y clasista que mira por debajo a los que no están en su mismo círculo social —y a veces lo hace— pero suele ser muy amable la mayor parte del tiempo. No es nada parecida a su hijo. La boda se está realizando en uno de los grandes jardines de una de las mansiones de los Belte. Salgo de la habitación ya perfectamente arreglada y mi padre está esperándome afuera. Caminamos juntos, el entrelaza nuestros brazos. Salimos de la mansión y nos aproximamos al jardín. Alcanzo a ver a todas las personas en sus respectivos lugares, al fondo está el abogado y mi futuro esposo acompañado de un hombre que supongo será el padrino. El sobrino de Andrés, que es el hijo de uno de sus hermanos menores, sostiene un cojín con unos anillos, y el camino ya está bañado en pétalos de rosas. Siento un toque en mi hombro y volteo a ver quién ha sido. —¿Estás lista? —pregunta mi mejor amiga que también es la dama de honor. Asiento con la cabeza y ella levanta su mano, dándole una señal al abogado el cuál toma su micrófono para hablar. Ella acomoda la cola de mi vestido, me da un beso en la mejilla y camina en dirección al altar. Ahora es mi turno. —Buenas tardes a todos los presentes. Presten atención que ahora viene la parte más importante de la noche. Ahora le damos la bienvenida a la novia, la cuál luce más que hermosa el día de hoy. Empieza a sonar una melodía nupcial y camino junto a mi padre por la alfombra que conduce al altar. Tengo un velo que cubre mi rostro por lo que nadie puede notar mi cara de disgusto y pocos amigos. Será difícil pasar esta tarde y noche cuando tenga que quitarmelo y mantener una sonrisa en mi cara. Todos los presentes se han puesto de pie y tienen sus miradas muy fijas en mí. Imagino que evalúan todo sobre mí, el vestido, el peinado, mi cuerpo, todo en general. Sé que así será mi vida por los próximos 3 años, eso es lo que hay que pagar por unirse a una de las familias más prestigiosas del país. Al llegar al altar mi padre deja mi brazo libre y yo me coloco justo al lado de Andrés, él no repara en verme ni siquiera por unos segundos y creo que esto es lo que más detesto de la boda. Me han exigido fingir todo el tiempo pero él ni siquiera hace un esfuerzo. Y en serio es triste que tú primer matrimonio sea con un hombre que aunque no te ame ni siquiera aprecie un poco tu belleza. —Queridos familiares, amigos y todos los demás presentes en este lugar, hoy estamos aquí para presenciar esta hermosa unión entre la señorita Verónica Hernández y el señor Andrés Belte en sagrado matrimonio, celebrando su amor y compromiso uno con el otro. »El matrimonio no es solo una unión legal, o religiosa, sino que también es una promesa de amor, respeto y compañerismo. Es elegir, cada día, caminar juntos, apoyarse en los momentos difíciles y celebrar los momentos felices. Andrés y Verónica han decidido unir sus vidas por el amor y compromiso que tienen uno por el otro y hoy lo harán oficial ante todos. El ramo de flores en mi mano empieza a pesarme, solo espero que esta ceremonia no sea demasiado larga. —Ahora, por favor, tomense de las manos —Al escuchar la encomienda vuelvo a prestar atención en el ramo que tengo en mano, pero eso no hace mucho problema porque inmediatamente mi mejor amiga toma el ramo por mí. Volteo hacia Andrés y extiendo mis manos cubiertas por unos largos guantes blancos. Él toma mis manos y le da un apretón. ¿Qué fue eso? Su cara no se ve nada feliz, parece estar harto de toda la ceremonia. —Andrés Belte, ¿aceptas a Verónica Hernández como tu esposa y prometes amarla, respetarla, y apoyarla en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y la pobreza, en la alegría y la tristeza todos los días que la vida te lo permita? —Andrés aprieta nuevamente mis manos con fuerza, y hago un esfuerzo por no gemir de dolor. ¿Pero qué le pasa? Por primera vez en toda la noche me mira fijamente y sonríe levemente, como si quisiera burlarse. —Acepto. —Verónica Hernández, ¿aceptas a Andrés Belte como tu esposo y prometes amarlo, respetarlo y apoyarlo en la salud y la enfermedad, en la riqueza y la pobreza, en la alegría y la tristeza, todos los días que la vida te lo permita? —sigo su juego y con disimulo clavo mis largas uñas que están debajo del guante blanco de tela fina. Él se sorprende por mi osadía y da un respingo con un pequeño gemido que intenta disimular. —Acepto. —Por primera vez en toda la noche, aun con el velo cubriendo mi rostro, sonrío. —¿Existe alguien que por alguna razón o motivo razonable se oponga a esta hermosa unión? —Unos segundos de silencio se hacen presentes—. Bien, entonces ahora los declaro ¡Marido y mujer! ¡Puedes besar a tu esposa! Levanto mi velo, él suelta mis manos y en un movimiento rápido —que no debería ser inesperado pero para mí lo es— toma mi rostro entre ellas y estampa sus labios contra los mío. Sus labios no duran más que unos segundos sobre los míos pero me toma tan de sorpresa que se siente incluso más largo. Todos gritan alegres por el gesto, yo me giro a ver a la multitud y veo como mi suegra me hace señas con sus manos para que sonría. Saco mi mejor sonrisa para la cámara y las fotos que saldrán pronto en todas las redes y noticiero en las próximas horas y días. Así empieza mi travesía en la familia Belte.
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