La velocidad de la ambición

1573 Palabras

Cinco años después. El ascensor privado de la Torre Gordon subía hacia el piso 40 con un zumbido casi imperceptible. Dentro, el reflejo de las puertas de acero pulido me devolvía la imagen de una mujer que había aprendido a llevar el paso del tiempo como una condecoración. A mis cuarenta y tantos, las líneas de expresión alrededor de mis ojos contaban historias de risas y preocupaciones, pero me sentía más fuerte que nunca. A mi lado, Bautista ajustaba el nudo de su corbata. Su pelo era ahora más sal y pimienta que n***o, pero conservaba esa presencia magnética que hacía que la temperatura de la habitación subiera cuando él entraba. Pero hoy, la atención no estaba en nosotros. Estaba en el joven que iba delante, tamborileando los dedos con impaciencia contra su maletín de cuero. —R

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