La espada y el escudo

1743 Palabras

El restaurante La Cabrera estaba lleno, vibrando con el sonido de los cubiertos y las conversaciones en voz alta típicas de Buenos Aires. Leo había pedido la mejor mesa y una botella de Malbec reserva que costaba más que el sueldo mensual de un empleado promedio. —¡Por el Proyecto Hermes! —brindó Leo, levantando su copa con una sonrisa que iluminaba el lugar—. Y por ti, hermano, que has venido desde la cuna del Renacimiento para ver mi triunfo. Lucas no levantó su copa. Mantuvo las manos sobre la mesa, entrelazadas sobre su servilleta de tela. Su expresión era ilegible detrás de las gafas de diseño. —No puedo brindar por eso, Leo. La sonrisa de Leo vaciló un instante, pero se recuperó rápido. —Vamos, no seas aguafiestas. Sé que los drones no son tan sexys como los cuadros de Caravaggi

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