La última muñeca

1969 Palabras

Unas semanas después. En la sede de Gordon Enterprises, Bautista manejaba crisis internacionales, negociaba con sindicatos duros y decidía el destino de miles de empleados sin que le temblara el pulso. Pero ponle delante la lista de invitados para el cumpleaños número dieciocho de su hija, y el hombre se desmoronaba. Estábamos en el salón de la mansión. La mesa de centro estaba cubierta de catálogos de floristerías, menús de catering y bocetos de decoración. Bautista caminaba de un lado a otro, con el teléfono pegado a la oreja. —No, no quiero rosas blancas. Las rosas blancas son de boda o de funeral. Quiero peonías. Rosas. Del tono exacto del vestido que usó su madre en... Sí, ese tono. Y quiero seguridad triple en el perímetro. No quiero ni un solo paparazzi colándose para saca

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