El botón del juicio final

1668 Palabras

El destino de un imperio criminal internacional no se decidió en un tiroteo, ni en una sala de juicios. Se decidió en el despacho de una mansión de Buenos Aires, con un clic silencioso de un ratón de ordenador. Eran las tres de la tarde. Las cortinas estaban cerradas para evitar el reflejo del sol en las pantallas. Fede, nuestro joven genio informático, estaba sentado frente al portátil de Bautista, tecleando a una velocidad que mareaba. Tenía una lata de bebida energética abierta y sudaba frío, a pesar de que el aire acondicionado estaba a dieciocho grados. Bautista y yo estábamos de pie detrás de él, como dos generales observando el lanzamiento de un misil nuclear. Yo tenía la mano apoyada en el hombro de mi marido, sintiendo la tensión vibrar en sus músculos. —Está todo lis

Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR