Me había metido en un transe total analizando todo, no se que paso, solo se que sentí como si mi cuerpo flotara, todos los rostros qué habían muerto en mis manos o tan solo por mi culpa, se inyectaron en mi mente de una forma sumamente extraña. Cada palabra que brotaban de los labios de Lucía, llenas de una rabia incontenible, fueron como estacas mandadas a mi corazón. Su mirada hacia mi ya era diferente, no era la misma de antes. Ahora estaba vacía. Me dolió como el infierno todo lo que escupió fríamente en mi rostro, buscaba herirme y lo consiguió. Nos dijimos todas nuestras verdades en la cara, ella más que yo. Sin embargo, no podía, no puedo darme el placer de distraerme o de tan solo sentir una mísera de algo. Mi propósito ahora era destruir por completo al malnacido de Mijaíl. V

