CAPÍTULO 6 Tratando de escapar

1415 Palabras
Sus parpados le pesaban y cuando trataba de abrirlos un dolor de cabeza le atacaba. Duró así unos cuantos minutos antes de levantarse confundida, se talló los ojos y al aclararse su campo visual se exaltó mucho y retrocedió a una esquina donde todas las paredes eras acolchonadas y de color blanco. La habitación era algo pequeña e iluminada. Pero nada de eso le importaba o le llamaba la atención más que ella misma, su cuerpo y sus amigos. Estaba semidesnuda. Su brasier era n***o al igual que su bóxer y su cabello largo lograba ocultarle algo y, aunque no era mucho agradecía que nadie tuviera la mirada en ella. Los demás, Santiago, Ángel y Andra y estaban también ahí dentro. Andra tenía un bikini rosa y un top blanco mientras que los dos chicos estaban solo en pantalones sin playera. A Madeley le llegó el miedo y la envolvió por completa, comenzó a respirar rápido en un intento de recuperarse, pero no lo lograba. La puerta que también era blanca se abrió y de ella apareció un hombre con un pasamontaña al que solo se le veían los ojos y que debajo de la tela se le notaba una gran sonrisa. Paso su mirada por cada uno de los prisioneros hasta detenerse en Madeley y avanzar hacia ella. La morena clara retrocedió inmediatamente, pero no podía alejarse ya que estaba acorralada en la esquina temblando de miedo. —¡No! ¡Suéltame! Ella gritó en cuanto las manos de su agresor tocaron sus brazos. —¡Suéltala! Santiago llegó y lo derribó mientras que Ángel también se abalanzó contra el sujeto. Este lanzó lejos a Santiago lo cual aprovecho Ángel para golpearlo en la cara, lo derribó y lo siguió golpeando. Andra aprovechando la distracción corrió a la puerta abierta y salió con la adrenalina corriendo por su cuerpo con ansias de sentir la libertad, pero un hombre se encontraba afuera con un pañuelo en el rostro y jalándola de las greñas la metió de nuevo al cuarto. Sacó un aparato pequeño y le dio una descarga eléctrica a la chica, luego a Santiago quien ya estaba golpeándose otra vez con el primer hombre. Ángel se llevó la peor parte pues aparte de recibir la descarga eléctrica en su espalda baja, fue golpeado en el rostro y en el abdomen. El hombre lo golpeó una vez más en el rostro, lo empujó y cayó encima de Madeley. —¡Carajo! ¡Solo tenías que sacar a la chica! Levantó al del pasamontaña y lo sacó de ahí mientras que los chicos se retorcían de dolor en el piso. Cuando la puerta se cerró la morena acunó a Ángel en sus brazos y lo incorporó recargándolo en la pared. Santiago como pudo retrocedió hasta recargarse también y Andra yacía en el piso hecha un ovillo sollozando. La descarga eléctrica había dejado una quemadura en las pieles de los prisioneros. —Ángel, Ángel… Madeley con su mano comenzó a quitarle la mayor cantidad se sangre que le salía del rostro llenándose ella misma también de aquel líquido. El pobre de Ángel se quejaba del dolor pues había recibido patadas en su panza donde ahora tenía moretones. Pasaron unos minutos o al menos eso pensaban ellos, pues en el lugar reinaba un silencio y no sabían cuánto tiempo tenían ahí dentro y lo último que recordaban era aquel gas saliendo de todas partes asfixiándolos. Madeley descansaba en los brazos de Ángel y este mantenía los ojos cerrados y apoyado en la cabeza de la chica. Hacia frio y el calor de sus cuerpos disminuía aquel ambiente. Andra seguía en la misma posición y Santiago también. —Tenemos que salir de aquí —dijo el moreno poniéndose de pie. —¿Y cómo piensas que lo haremos? —preguntó Madeley separándose un poco de Ángel quien ya estaba despierto. —Estoy seguro de que en unos momentos uno de esos hombres volverá y cuando abra esa puerta lo atacaremos. —Eso suena tan estúpido —contestó la chica apoyándose de nuevo en el pecho de Ángel—, pero aun así te apoyo. —Bien, esto es lo que haremos y tú Andra levántate de una vez. … —Uriel, espera... Uriel —Cindy se detuvo y se dejó caer de rodillas. El pecho le dolía mucho y sus hombros subían y bajaban rápido. —¿Estás bien? ¿Qué te pasa? —Uriel preocupado se arrodilló frente a ella y la tomó del rostro para hacer contacto visual. —No, no estoy bien y nada lo está. Solo quiero salir... Uriel puso su dedo en los labios de ella haciéndola callar luego la abrazó y la levantó. —No dejare que nada te pase. Su voz sonaba segura y como un ángel enviado para protegerla, la chica se creyó las palabras sinceras del chico y asintió. Él le besó la mejilla y la tomó de la mano comenzando a correr. —¡Uriel! ¿¡A dónde vas!? —una voz ronca sonó detrás de ellos provocándoles casi un infarto. Luego voltearon y vieron dos sombras a lo lejos, el aeropuerto ya no se estaba incendiando, algo raro, pero lo que si había era mucho humo por todas partes. —¡Mierda! Comenzaron a correr, sus corazones palpitaron con fuerza y sus piernas se movieron rápido, una detrás de la otra. Cindy disminuyó el paso a falta de aire, se soltó de Uriel y cayó al suelo. —¡Alto! ¿Por qué corren? Uriel levantó a la chica sin despegar la mirada de las dos sombras que se aproximaban. —¿Qué pasa? —preguntó la reportera toda confundida llegando hacia ellos corriendo. —¿Qué? —Uriel trató de recuperar el oxígeno y no podía procesar rápido las cosas, pero lanzó un suspiro al saber que solo era la reportera y su compañero que de seguro era quién les había gritado. —¿Qué les paso? Se ven asquerosos —dijo la mujer viéndolos de pies a cabeza. —¿Qué? ¿Ustedes donde se metieron? ¿Acaso no vieron sangre y cuerpos? —Chico ¿Qué fumaste? —el joven de la cámara estaba en vivo y con una gran sonrisa los grababa. —Acabamos de encontrarnos con Uriel y una de las chicas que quedaron atrapadas —dijo la mujer delante de la cámara—. Alguien intentó dispararle a otra de las chicas, pero el gran integrante de la banda de Together, Ángel, la salvó al apartarla del camino y la bala impactó en un bote. Luego todos corrieron en diferentes direcciones separándose y desde aquello Uriel y su novia son con los primeros que hemos visto... —¿Qué? —Uriel enojado se adelantó un paso— Señora... —Señorita. —Señorita —soltó un suspiro—, hay una persona o varias, no lo sabemos asesinando personas aquí dentro y... —¿Qué? Oye ¿estás seguro...? —¡Claro que sí! Acabamos de ver cómo le destrozaban la cabeza a Sam una de las chicas que estaban aquí y... Uriel dejó de hablar al ver una sombra a muchos metros, pero distinguible. Retrocedió y tomó a Cindy de la mano de nuevo. —Chico... La reportera se quedó callada al mirar hacia donde Uriel lo hacía. La mujer dejó caer el micrófono al piso, soltó un grito fuerte y se dio la vuelta lista para echar a correr. La sombra a lo lejos se rio y dejó ver un bate en su mano derecha luego comenzó a perseguirlos. —¡Corre! ¡Corre! La cámara seguía encendida y en vivo, el joven la sostenía en su mano volteada hacia atrás grabando a quien los perseguía, pero tenía un pasamontaña por lo que no se le veía el rostro. Uriel resbaló y se levantó tan rápido como cayó, después abrió una puerta de cristal, todos entraron y la cerró y al ver otra puerta entraron allí para esconderse. Y allí se quedaron en ese cuarto de almacenaje de archivos. —¿Quién era? ¿Por qué nos perseguía? ¿Qué pasa? —Señora, cállese o hará que nos encuentre. El chico apagó la cámara y se sentó en el piso al igual que los otros. —Era un asesino —dijo la mujer. —¿Sigues grabando? —preguntó Uriel al chico. —No, ya la apagué... —Te lo dije pendeja —le dijo Uriel a la reportera.    
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