CAPÍTULO 5 Atrapados en el cuarto

1188 Palabras
Uriel sentía tanto asco que tuvo que recargarse en la pared para no caer, se sentía mareado y asustado, nada tenía sentido y hasta parecía que estaban en una película de terror. —Uriel hay que irnos —dijo Cindy con un hilo de voz, tomó la mano de Uriel para sentirse más segura y él no la rechazó. —Sam, vamos —dijo el muchacho jalando a la chica. Apresuraron el paso y bajaron unas escaleras grandes llegando a la entrada principal, estaban más perdidos que nunca y desorientados. —Uriel... Cindy cerró la boca en cuanto se comenzó a escuchar un silbido espantoso, se seguía escuchando más y más cerca. La chica muerta de miedo no se lo pensó dos veces y jaló al mexicano detrás de un sofá muy grande de color blanco, estaba temblando y se escuchaban los pasos de unas botas acercarse. Cindy y Uriel se asomaron un poco con mucha precaución y vieron como un individuo fue arrastrando un costal. —¿Dónde está Sam? —preguntó el chico en voz baja, pero su respuesta fue contestada por el increíble destino mostrando a Sam asustada de pie a unos metros de aquel sujeto. El chiflido paró y el sujeto soltó el costal que iba arrastrando, soltó una carcajada ronca y espantosa. Se acercó a la chica que estaba paralizada y llorando, le tocó la mejilla y sonrió con malicia, se dio la vuelta comenzando a caminar dándole la espalda a Sam. Se detuvo y se dio la vuelta rápido con un bate de metal golpeando a la chica en la cabeza provocando que el cráneo tronara y comenzara a sangran mucho. Cindy lanzó un grito, pero justo a tiempo Uriel le tapó la boca y la abrazó con fuerza mientras ella sollozaba y trataba de gritar, pataleaba también así que el mexicano tuvo que abrazarla también de los pies de manera que ahora estaba en sus brazos como un bebe. Eso había sido lo más espantoso que había visto en su vida. También tenía ganas de llorar, pero no podía darse ese lujo ahora, pues ahora ya sabía y estaba cien por ciento seguro de que había alguien asesinando personas. El sujeto comenzó a chiflar de nuevo arrastrando de nuevo el bulto y dejando el cuerpo de la chica en el piso desangrándose. Cuando los pasos se alejaron lo suficiente Uriel soltó a Cindy y esta enseguida corrió y se arrodillo junto al cuerpo de la niña. —Sam, despierta, Sam. —Cindy, está muerta vámonos —le dijo Uriel levantándola de los hombros y llevándosela.  ...  Santiago iba por delante con un palo de madera que se había encontrado. Habían escuchado pasos en las escaleras, se pararon al inicio de ellas, pero al llegar no había nadie así que se fueron por otro camino. Luego se escuchó a una persona chiflando y siguieron el sonido hasta al final de las escaleras encontrándose solo con un cuerpo. —¡Dios! Madeley fue la primera en reconocer el cuerpo como unas de las chicas que estaban con ella. Tenía la mitad de la cabeza destrozada y a su alrededor un charco grande de sangre. —¿Quién pudo hacer algo así? —preguntó Ángel tomando a la morena y envolviéndola en sus brazos para que ya no viera tan espantosa imagen. —Alguien a quien no se le puede llamar persona —contestó Santiago apretando los puños, pues tan solo era una chiquilla. —Algo más está pasando —dice Madeley volteando a ver a todos—, ¿no se han preguntado que les pasó a todas las personas del aeropuerto? —¿A qué te refieres? —preguntó Santiago sin entender del todo. —Me refiero que cuando pasó lo de la explosión solo escaparon pocas personas ¿y las demás? ¿Y el personal, los empleados? Todos se quedaron en silencio reflexionando un poco la situación y llegando a la conclusión de que era cierto lo que la chica decía. Aparte de los pasajeros había muchas más personas dentro, los empleados del aseo, guardias de seguridad, los gerentes, los dueños de los locales de tiendas de regalo y comida. Todos habían desaparecido como por arte de magia. —Chicos, hay un rastro de sangre —dijo Andra apuntando un camino de sangre que llevaba a un pasillo largo, oscuro y lleno de puertas. Todos no muy seguros de sus pasos avanzaron con cautela hasta llegar a donde terminaba la sangre que era en una puerta color roja. —Ábrela. —Ábrela tú —le contestó Andra a Madeley. —Que cobarde eres. Madeley avanzó y abrió la puerta mientras se escuchaba un chirrido aterrador. Tragó saliva y dio el primer paso, se asomó. Dentro también parpadeaban las luces. —¿Qué es esto? —dijo al estar en medio de aquella sala, que se había convertido en una sala de tortura. Cuchillos colgaban de todas partes y había varias bases de metal manchadas de sangre y a lado una mesilla con instrumentos de operación. Además, también una computadora encendida donde se mostraba un video. —Chicos vean esto —dijo Ángel al mismo tiempo que todos lo hacían. Le puso play y lo que vieron los dejó a todos helados. Comenzaron a ver el video, alguien estaba grabando, pero no aparecía el rostro. Caminaba tomándole video a todo y cada uno de los cuerpos. Estaban colgados como puercos en el techo boca abajo todos desnudos. —Estos son mis amiguitos —dijo una voz y la cámara apuntó hacia al fondo de unos cuerpos donde una figura oscura se distinguía—, si yo quiero puedo despertarlos, muertos no están, pero pronto lo estarán. Soltó una gran carcajada y la cámara cayó al piso donde alguien se acercó y se vieron unas botas negras. —Este es el juego del lobo lobito. No importa donde se escondan, yo siempre estaré a un pasito. Matarlos es lo que me encomiendan. En cuanto la canción terminó las luces se apagaron y la puerta se cerró dejándolos atrapados. Comenzaron a gritar espantados luego un gas salió de los conductos de aire sofocándolos. —¡Ángel! ¡Ángel! Madeley había caído al suelo y estaba muy asustada, alguien tomó su mano y ella retrocedió rápido en la oscuridad golpeándose en la pata de una mesa. —¡Madeley, soy yo! —¡Chicos no se separen! ¡Todos juntos! Santiago a gatas tomó a Andra quien tocia fuerte luego encontró a Ángel junto con Madeley quien ya estaba inconsciente. El moreno sentía fuego en sus pulmones y era muy desesperante pues se sentía como le arrebataban el oxígeno poco a poco. En un intento de sobrevivir se levantó y golpeó la puerta una y otra vez sin mucho éxito, pero el gas estaba surtiendo efecto. Sentía los parpados pesados y estaba desorientado luego cayó al suelo como costal de papas. Uriel fue el siguiente y por último Andra quien no quería darse por vencida. —Teníamos un trato... Es lo último que dijo la chica antes de caer en un sueño profundo.
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