Madeley se estaba entumiendo y el frio le calaba, aunque tenía una manta encima que Ángel le había puesto. Santiago estaba con un pasador tratando de quitarle las esposas. —Ángel, yo no quería... —Tranquila —le interrumpió el chico concentrado ayudando al moreno con las esposas. —Listo —dijo Santiago limpiándose las gotitas de sudor de la frente. Había chicas también ahí que eran fans y miraban al moreno con unos ojos tan grandes que casi se lo comían con el pensamiento. Madeley se frotó las muñecas rojas y Ángel le ayudó a sobárselas ya que estaban raspadas y con sangre. —Tenemos que irnos —dijo el moreno buscando un arma, pero no había nada útil ya que el estúpido guardia se había llevado la máquina de toques y todo lo que traían. —No podemos dejar a estas personas aquí, corren pe

