Sin respuestas

3094 Palabras
Torres no le creyó, pero asintió. —Veo. Solo pensé en preguntar. Larry es de una ciudad cerca a esta también. — Se veía que Torres tenía más información de la que pensaba yo que tenía.   —No lo sé— Paula estaba mintiendo muy mal. Ambas necesitábamos a alguien que nos ayudara a recibir lecciones de engaño. Hice una nota mental para comprobar las clases nocturnas en Longview College. Uno de los colegios donde comencé a estudiar antes de casarme y así aprender algo de inglés.   Torres me dio otra mirada rápida pero penetrante. No podía ser para ver si estaba mintiendo. ¡No creo! Yo no había dicho nada. Le guiñé un ojo solo para ver qué haría. Ya que su voz y su mirada eran tan fuertes que con un solo grito podía asustar a cualquiera.   Pero para que entiendan un poco más cómo es él, ese hombre tenía el estoicismo reducido a un arte. No reaccionó en absoluto ante mí guiño. Tan seco como una hoja en un arduo verano.   Excepto que vi algunas luces verdes volver a esos ojos, de repente. Este policía tenía algo que no sabría describir. A pesar de tener una voz fuerte y muy poco sentido del humor, no creía que fuera tan malo. De todas maneras intentaría sacarle una sonrisa a ver qué tal me va.   Cuando el policía finalmente salió por la puerta, Paula giró el pestillo y puso la cadena con dedos temblorosos. Muy rápidamente como para que a la policía no se le ocurriera ni por duda regresar, ya que todo estaba nuevamente muy bien cerrado.   Paula normalmente cerraba absolutamente todo en su casa, tenía desde pasadores en las puertas, como pasadores en las ventanas. Es más una vez dijo que instalaría sensores en las ventanas ¿Saben? Los sensores de movimientos que alertan cuando detectan una apertura sospechosa. Es una alerta que envía un aviso a la empresa de seguridad que hayas seleccionado para el servicio. Al detectar esta alarma la empresa se pone en contacto con el dueño de la casa para corroborar si se trata de una falsa alarma o de algún evento real.   De esta manera Paula se sentiría aún  más segura, aunque la verdad nunca le pregunté si logró hacer ese contrato para sus ventanas. Tendría que preguntarle luego ya que no era el momento.   Me derrumbé en el sofá, agarré otra galleta y bebí un poco más de bebida preferida, una gran Coca-Cola. — ¿A qué se debió todo eso? — Le pregunté a Paula, casi delirando.   —No lo sé—, Paula murmuró. — ¡Zach! — gritó de repente.   Zach corrió hacia la sala de estar, riendose y agarrando un dinosaurio púrpura que era casi tan grande como él. Ella lo levantó y se hundió en el sofá, abrazándolo con tanta fuerza que él protestó y se retorció para liberarse. Ese abrazo de repente no le dio tanta alegría al pequeñín.   Zach quería salir de los brazos de su mamá lo antes posible y ella lo dejó ir. Se sentó entre nosotros y se sirvió una galleta de chocolate (de las de verdad, las hechas por su tía Lisa). Paula no dijo nada y no estaba dispuesta a estropear su diversión. Diablos, ¿qué daño podría hacer una? ¡Oh, sé lo que dicen! Crees que puedes probarlo y no engancharte, entonces, antes de que te des cuenta, eres un adicto al chocolate. Oye, al menos el niño tendría una fuente constante de cosas buenas de su tía Lisa, la Reina del Chocoholic.   — ¿Estás en algún tipo de problema? — Le pregunté a Paula. — ¡Dime, cónchale! Soy tu amiga. Deja que te ayude. — Sacudió la cabeza, se mordió la uña del pulgar y miró al otro lado de la habitación. Su cuerpo de repente comenzó a temblar, esos nervios la tenían muy mal.   — ¿Te golpeó tu marido? — le pregunté sin preámbulo.   La cruda pregunta llamó su atención. Su cabeza giró hacia mí tan rápido que temí que siguiera adelante y nos encontráramos en medio de una escena de El exorcista. Dos manchas rosadas muy grandes se destacaban como maquillaje de payaso en sus mejillas.   —Por favor, no preguntes eso, Lisa—, dijo cómo regañándome.   —Bueno, eso responde a esa pregunta. Como ya sé que te puso esa cicatriz en la cara y que te estás escondiendo de él, es mejor que me cuentes el resto—. Le devolví el regaño. El exceso de maquillaje, el corrector y el polvo hacían que esas cicatrices no se notaran mucho pero de lejos porque de cerca se lograban ver.   Nuevamente confirmó mi especulación al no negar. —Eres la mejor amiga que he tenido. No puedo empezar a decirte lo agradecida que estoy de que me hayas dado un trabajo y un lugar para vivir. Salvaste mi vida y la de Zach. Siempre has estado ahí para mí y yo siempre estaré ahí para ti. Haré todo lo que me pidas, excepto contarte sobre mi pasado—. Me contestó Paula, evadiendo todo como siempre.   —Está bien, hemos hecho algunos progresos. Esta es la primera vez que admites que tienes un pasado y no saltaste, del asiento delantero de ese accidente rodante en el que conduciste—. Apunté.   Paula se mordió el labio como si lamentara haber dicho tanto, la verdad es que se le fue saliendo todo muy naturalmente. Sus ojos azul grisáceos se nublaron y me di cuenta de que el tema estaba cerrado.   Me levanté del sofá. —Creo que iré a ver qué puedo hacer para sacar a Rick de la casa con un daño mínimo a lo que queda de mis emociones—. Le dije a Paula y me incliné hacia Zach. —Dale un abrazo a la tía Lisa—. Extendió la mano y abrazó mi cuello y luego me dio un beso en la mejilla. Qué hermoso niño.   —Quiero que sepas que no estoy enojada contigo—, le dije a Paula, —solo porque se supone que eres mi amiga, no es que te pida que me digas los detalles íntimos de tu vida s****l—. Ella se relajó lo suficiente para sonreír.   Revolví el cabello de Zach, luego crucé la sala y abrí la puerta. Me volví para despedirme y no me sorprendió que Paula me hubiera seguido. No podía dejar la puerta por mucho tiempo abierta. Volvería a cerrar la puerta antes de que yo cruzara el porche.   —Es hora de retocar esas raíces rubias—, le dije a Paula, solo para hacerle saber que lo había notado. —Y esas cejas y pestañas rubias son un claro indicio—. Le guiñé el ojo.   Paula palideció, perdiendo el poco color que había recuperado. — ¿Crees que se dieron cuenta? — La pregunta salió en un susurro desesperado, e inmediatamente lamenté haber aumentado su miedo al respecto.   —No sé. Los hombres pueden ser bastante desapercibidos en cosas como esa—. Pero ni por un minuto creí que Torres no se hubiera dado cuenta, no parecía ser ese tipo de hombre detallista. —Siempre que necesites ayuda, ya sabes dónde vivo—, concluí diciéndole a Paula.   Paula asintió con la cabeza, ese movimiento brusco de nuevo, y torció los labios en una sonrisa de imitación. —Gracias. —.   Me sentí como una idiota por el comentario de las raíces rubias. Debería hacer algo para ayudarla, pero no tenía ni idea de qué podría ser ese algo.   Ni siquiera estaba segura de poder ayudarme a mí misma. Me tomé mi tiempo para volver a mi casa. No tenía prisa por enfrentar la tarea de tratar con el hombre que una parte de mí quería que se fuera de mi vida y la otra parte deseaba volver y ser esos esposos queriéndonos a cada instante. De una manera diferente, estaba tan aterrorizada por él como Paula por el hombre abusivo que ahora estaba segura de que había conocido en su pasado.   Golpeé el guardabarros de la camioneta de Rick al pasar junto a ella, dejando huellas dactilares deliberadamente. Odiaba eso, pero me salía naturalmente.   Subí a mi porche y vi otro problema. El gato todavía estaba allí, acostado en el tapete de mi puerta, cubierto de algo blanco que parecía como tiza, creando un borde perfecto para el Go Away! parte. Evidentemente, no sabía leer. Aparentemente el gato travieso se había ido a la habitación donde guardo algunos chécheres y descubrió mi pintura blanca en polvo que tengo para hacer una mezcla con agua y hacer algunos retoques en casa cuando descubro algún hueco o algo así. Se había envuelto dentro del polvo y había quedado tan blanco que parecía más bien nieve.   Pero tampoco Rick, que se había parado en el mismo tapete anoche y había prestado tanta atención al mensaje como lo hizo el gato.   —Vete a casa—, le ordené al gato. Este no era su lugar así que tenía que hacer que se fuera a buscar su hogar. Me hizo tanto caso que se puso de pie y se estiró, arqueando la espalda. Y volviendo a quedar en el mismo lugar.   Cogí un periódico que estaba allí afuera, aunque no había visto al cartero por ningún lado, debió ser que era un periódico viejo o algo así, abrí la puerta y él (el gato) entró rápidamente. Se podía notar que este gato tenía una gran velocidad ¿He! Por lo general los gatos pueden llegar a correr a una velocidad de 35Km/h. sumamente rápidos.   Sí, era bastante obvio que este gato era macho. Me ignoró como lo hizo Rick.   — ¿Qué hace ese gato aquí? — Rick exigió mientras el felino saltaba con gracia sobre mi descolorido sillón reclinable de color rosa. Era un gato grande, ocupaba completamente el asiento y colocaba la cabeza y las patas delanteras sobre un brazo de la silla, muy relajado él. Miró hacia arriba con esos ojos azules asesinos y dio un maullido de satisfacción antes de establecerse, completamente en casa. La verdad es que no soy amante de los animales y eso de las mascotas, pero ese gatito tenía algo bien particular, algo que me cautivó. Y sentía que me entendía.   Sabemos que los gatos tienen fama de independientes y poco apegados a sus cuidadores, pero este gato en particular, era muy buen compañero para esta casa, que se sentía un poco vacía. Este gato podría ser tan cariñoso como lo es un perro con su amo. Este gato era ágil y muy inteligente, hasta podría decir que ya  me sentía como su dueña. Podría ser mi nuevo compañero de vida. Este gato con sus 230 huesos que le permite tener una gran flexibilidad puede defenderme de cualquier cosa y de cualquier persona que quiera hacerme daño (como Rick, por ejemplo), estoy casi que segura.   Rick se tumbó en mi sofá, sintiéndose tan en casa como el gato. Había estado fuera el tiempo suficiente para que él se duchara, se secara el pelo con mi secador, se afeitara con la navaja de afeitar y volviera a ponerse sus pantalones caqui, sus mocasines italianos y su polo blanco que realzaba su bronceado. Para colmo, estaba bebiendo jugo de mi taza favorita, la que decía: “La vida es incierta. Come chocolate ahora".   —Vete a casa—, repetí, aunque el  mensaje era directo a Rick, él creía que le estaba diciendo eso al gato. Pero no estaba ni tibio.   —Sí, gato, vete a casa—. Dijo Rick, en tono de burla. De verdad Rick creía que yo echaría primero al gato que a él.   —Estaba hablando contigo Rick. Este es... — Le respondí y miré a la criatura real en mi silla. —Este es el rey Enrique, mi nuevo gato. Te lo presento, él se queda y tú te vas—. Le dije. — ¿Cómo te parece? —. Concluí diciendo.   —Cómo se te ocurre Lisa que tendrás un gato en nuestra casa— me replicó Rick. Para él los gatos no eran buenas mascotas, aunque no habíamos tenido mascotas antes, no quería decir que yo no amara a los animales, por el contrario al llegar este pequeño gato todo cambió. A veces le decía a Rick que si no le gustaban los gatos como mascota era porque no los conocía. Pero nunca lo tomó en cuenta. Es obvio que los mininos no esperaron ser domesticados por el hombre pero ellos eligieron vivir junto a él. A diferencia de los perros los gatos se relacionan contigo de igual a igual, ellos no rinden pleitesía. Hablar del tema de los gatos con Rick no era buena opción porque no daría su brazo a torcer.   — Te he dicho miles de veces que no estés diciendo NUESTRA casa, porque te vuelvo a recordar que esta no es ya tu casa. Decidiste dejarla hace  mucho tiempo, dejarla por alguien X —. Bien enfadada le contesté.   ­—Y sí, este lindo animalito llamado Enrique— le volví a recordar el nombre que le había puesto hace unos segundos al gato, —se queda en mi casa porque lo decidí y punto. Es más chico, este animalito que ves aquí, este lindo gatito carnívoro que caza roedores, aves y lagartos—, y que no es raro que en ocasiones ingiera plantas, por cuestiones de dieta, —podría atacarte y hacerte una linda marca en tu rostro si yo se lo pido­—.   —Por favor Lisa, eso es algo tonto. ­— Rick trató de desafiarme.   Así que agarré al gran animalito y se lo acerqué al rostro, tenía tantas ganas de hacer que el gato le pasara suavemente su pata por la cara a ver si volvería a decir algo así. Los gatos son bastante peculiares, en un momento nos pueden amar y en otro odiarnos, poseen una personalidad bastante bipolar, por decirlo de alguna manera. Por lo que no sería raro escuchar que hay gatos que atacan a sus dueños, pero en este caso, podría hacer que atacara al intruso que estaba enfrente de mí.   Porque la gran mayoría de las veces que los gatos atacan es cuando los acariciamos o cuando jugamos con ellos. Sin embargo hay quienes le temen a los gatos porque de la nada tienen ciertos ataques. Eso podría pasar con Enrique si Rick no me dejaba tranquila.     —Bueno Rick, ya estás sentenciado, solo es cuestión de que le dé la orden a Enrique y él te atacará­. — aunque en cierto modo, no sabía si eso podría pasar en realidad, porque no sabía cómo era ese gatito, si de verdad me obedecerá.   Pero hice el intento de asustar a Rick, dejarle ver que no podía cometer otro error conmigo, porque podría ser capaz de cualquier cosa para sacarlo definitivamente de mi vida y mi casa. Definitivamente, Rick no iba a darse por vencido tan rápidamente, yo era la que tenía esa idea, pero a él no se le veía ni coquitos de dejarme tan fácilmente. Seguía insistiendo en que lo perdonara, luego de que me engañara consiguiéndose a la tal Muffy, Dunffy esa, ni siquiera podía decir bien el nombre de la dichosa.   Bueno, después de un rato de dejarle tan cerca al gato junto a Rick, decidió que lo mejor era irse, aunque por dentro quería que se quedara por más tiempo, y así seguir charlando, pero qué va, no podía dar mi brazo a torcer, y darle el gusto.   —Nos vemos luego Lisa—. Resaltó Rick, con un tono de voz un poco triste. Pero sabía que si se quedaba más tiempo no sabría de lo que yo podía cometer, así que eso hizo se fue.   Lo que había pasado en casa de Paula me había dejado un poco exhausta y amargada a la vez. No poder entender todo de una vez, me hizo sentirme frustrante.   Así que me fui a la habitación. Quería saber un poco más sobre los gatos y de repente tomar algunas clases en línea para saber cómo actuar ante algún ataque del gato. Había escuchado antes que los gatos pueden tener ataques hasta por problemas médicos. Puede ser que se sienta irritable porque le duela algo y por eso atacan repentinamente.   Mi abuela tenía un gato como mascota, a ella le encantaban, pero una vez trato de lastimarla tuvo una agresión por dominancia, esto es cuando actúan con sus dueños como si estos fueran otros mininos e intentan dominarlos, para poder estar por encima de ellos en una posición jerárquica dentro del hogar. Mi abuela decía que un gato es un animal traicionero. La verdad es que yo le decía que era cuestión de gustos y de querer y cuidar a los animalitos. Después que el gato de mi abuela intenta lastimarla ella decidió llevárselo a mi tío quien fue quien se lo regaló.   Luego de charlar un rato con Enrique decidimos que era mejor descansar y dormir algo, ya que la noche se nos pasaba muy rápido.   Al quedarme dormida, recuerdo que tuve un sueño con un gato, pero no era el gato Enrique. Esta vez soñé que me había encontrado con una camada de gatitos bebés. Eran hermosos, y quería llevarlos todos conmigo, de repente uno de ellos que lo tenía encima de mi comenzaba a acariciarme la mejilla, parecía muy real el sueño, de repente estornudé. Y para mi susto cuando desperté tenía a Enrique encima de mí con su cola puesta en mi cuello. Un buen susto me hizo pasar.   Desde ese momento, decidí que Enrique tenía que dormir en su respectiva cama en el piso y no podía permitir que se subiera a mi cama, no podíamos robarnos esos espacios de descanso. Además los gatos deben dormir en superficies mullidas, ya que cuando disponen de camitas para dormir hacen cosas que no suelen hacer cuando tienen que dormir encima de una superficie dura, como por ejemplo, enroscarse para dormir o amasar con las patas. Es más, pensándolo bien, tendría que hacerle varias camitas al Rey Enrique para que esté muy cómodo por toda la casa. A él le gustaba estar en el porche debe ser por lo fresco del piso, así que hacerle un lugar de descanso allí sería muy buena opción para Enrique, así podía verme llegar todos los días con mayor visibilidad al estar en el porche.
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