Le miraba fijamente, y aquel hombre a unos cuantos centímetros de mí escondía una sonrisa detrás de esa expresión serena, queriendo engañarlos a todos, sin bajarme la vista, como retándome. Sus palabras me repicaban con fuerza en la cabeza hasta que uno de los hombres presentes ahí comenzó a decir: —A nosotros nos encantaría ver uno de esos proyectos en colaboración con la Universidad de Madrid, pero, no corramos antes de tiempo, primero lo primero: el postre. Todos comenzaron a reír, fue una buena puntada para disipar la tensión que crecía entre nosotros, aquel imbécil comenzó reír a la par de los otros, por lo que bajé la guardia y recuperé el ritmo, sabía que no eran ideas mías, yo había leído entre líneas de manera correcta; sin embargo, con todo el estrés en torno a este día, al pa

