No tenía ni la más mínima idea de cómo iba a ver a Regina, estaba tan enojado por ese estúpido pastel, había arruinado todo, en definitiva, además de que el dolor de cabeza había tomado terreno con rapidez y ahora mi cerebro punzaba con violencia dentro de mi cabeza, no sabía si era por el licor o por la mezcla de este con la emoción que ahora me hacía apretar los puños y los dientes. Trate de respirar antes de acercarme de nuevo a mi esposa, pero mi suegra seguía ahí, no sé en qué momento le pareció buena idea quedarse a esta cena y hasta el momento no había tenido ninguna objeción, pero, ya era tiempo de que se fuera. —Señora —farfullé, intentando no desquitar mi furia con Esther—, creo que, Regina y yo tenemos que hablar, así que le agradecería que nos dejara solos. Mi suegra me d

