La verdad que no me sonaba ese nombre para nada, pero tenía un rostro difícil de olvidar, volví a negar muy lentamente para no parecer grosero y aquel hombre se encogió de hombros, soltando una risa despreocupada. —Soy amigo de tu esposa —comentó aquel hombre pareciendo muy amigable, llevaba su bolsa ecológica en la mano, con sus compras. —Lo siento, no te recuerdo —cerré la puerta del auto y subí las cejas con algo de simpatía. —Lo entiendo, estabas muy ocupado y no quise molestar, tal como ahora ¿Te tocó hacer el mandado de la semana? —No, no precisamente —me sentí algo incómodo de contarle algo y parecía que él lo sentía por que subió los hombros para restarle importancia, parecía un buen tipo, pero así era yo, muy reservado con mis cosas. —Bueno, no te quito más tu tiempo, salú

