Me quede allí, en silencio, escuchando los ecos de mi propio dolor hasta que alguien tocó la puerta suavemente. —Señorita Celeste, la cena está lista— —En un momento bajo— aun debía tapar mis heridas, ahora no era el momento de limpiarlas, se que el dolor podría ser fatal. Es así como decido bajar, aun necesito saber quien es el hombre con él que mi padre me ha casado. Tome asiento, sintiéndome pequeña en ese gran espacio, rodeada de comida en medio de espacios vacíos, solo era una cena para mi sola. No sabía si debía esperar a alguien más o si iba a cenar sola, pero pronto note que Elva me observaba, esperando indicaciones. —¿Vendrá alguien más? —pregunte en un tono casi inaudible. —No, señorita Celeste. Esta cena es solo para usted— La respuesta fue desconcertante, pero a la vez a

