El jardín bajo la luna La cena había concluido, y mientras los demás seguían en la mesa, Celeste se levantó con elegancia mientras caminaba hacia el jardín, buscando un poco de soledad bajo la luz plateada de la luna. Pero Marcus no estaba dispuesto a dejarla ir sin hablar con ella. La siguió con pasos apresurados, sus zapatos haciendo eco en el mármol mientras cruzaba hacia el jardín. Celeste lo escuchó venir, pero no se detuvo. Necesitaba distancia, claridad, y, sobre todo, no lidiar con los conflictos que él parecía atraer. Finalmente, Marcus la alcanzó cuando ella llegó a un rincón del jardín lleno de jazmines en flor. —Celeste, por favor, escúchame. Solo serán unos minutos. Ella se giró lentamente, sus ojos oscuros como el cielo nocturno y su rostro impasible como una máscar

