El inicio.
Mikhaela Style.
Había sido una mierda de día. Volé hasta Boston para el funeral de la hermana de mi cuñada, odiando cada segundo porque detesto los funerales, pero sabía que mi hermano y su esposa me necesitaban. Soy de Monterrey, México, estudio Arquitectura y me especializo en diseño de interiores; me encanta jugar con colores, texturas y hacer que los espacios se sientan vivos. Pero nada de eso importaba en ese momento.
Después del entierro decidí hacer una locura: en vez de volver a casa, me bajé en Inglaterra. Quería sorprender a Matthew, mi novio de seis años. Las cosas estaban frías de cojones, distantes, casi muertos. Pensé que aparecer de repente podía revivir algo.
Abrí la puerta del departamento con mis llaves y subí las escaleras en silencio. Y ahí estaba el hijo de puta.
Matthew tirado en la cama, sudado, con una mujer montada encima moviéndose como si le pagaran por ello. Me tapé la boca para no gritar. No es mi estilo hacer escenas.
Entonces él soltó, con esa voz ronca y jadeante que yo conocía demasiado bien:
—Oh sí, nena… sigue así, joder. Mueve ese culo más rápido. ¡Así! Eres una puta ama, Katherine.
La mujer gimió y él siguió, más fuerte:
—Coño, qué rica estás… Más duro, Katherine.… ¡Sí! Justo ahí, mi reina. Eres perfecta, carajo. Mejor que nadie.
Katherine.
Mi mejor amiga. Mi Katherine.
Me quedé congelada, escuchando cada palabra vulgar que salía de su boca mientras se cogía a mi mejor amiga.
—Eres mucho mejor que mi novia, Mikha… Ni siquiera sabe hacer una puta mamada. Joder, Katherine, tú sí que sabes cómo chupármela. Esa boca tuya es otra cosa…
Katherine soltó una carcajada fuerte, bien fuerte, y siguió moviéndose.
Matthew siguió, más excitado todavía:
Llevamos seis años juntos, el miserable siempre ha dicho que es un Blackwood y que debo llegar pura al matrimonio, que es un requisito para casarnos. Sus malditas tradiciones de mierda como sobrino del Conde y yo lo creí como una idiota.
No pude seguir escuchando. Me largué de ahí sin pensármelo dos veces. Bajé las escaleras corriendo pero sin hacer ruido, salí del edificio y cerré la puerta como si nunca hubiera entrado.
Afuera, bajo la lluvia fría de Inglaterra, solo podía repetir sus palabras en mi cabeza.
El muy hijo de puta.
Me abracé a mí misma, con el pecho ardiendo de rabia y humillación. Todo lo que había construido en mi mente —nuestra historia, nuestros planes, el respeto que decía tenerme— se derrumbó como una estructura mal calculada.
Me subí al carro de nuevo, cerré la puerta con fuerza y me quedé mirando la lluvia que golpeaba el vidrio. Las gotas corrían como lágrimas que yo no pensaba soltar. Tenía el pecho ardiendo de pura rabia.
—Juro que los dos lo van a pagar —murmuré entre dientes, apretando los puños—. Ese hijo de puta y esa puta traidora no tienen ni la más mínima idea de quién soy yo. Ni puta idea.
El chófer me miró por el espejo retrovisor, esperando.
—Llévame de regreso al aeropuerto —le ordené con voz fría—. Y no quiero que nadie se entere de que estuve aquí. Ni una sola palabra. ¿Entendido?
—Sí, señorita Style —respondió él de inmediato, arrancando el motor.
Mientras el carro avanzaba bajo la lluvia inglesa, no podía sacarme de la cabeza las palabras asquerosas de Matthew.
Seis años de mentiras. Seis años fingiendo que me respetaba, que yo era especial, que tenía que llegar virgen al matrimonio porque él es un Vizconde de mierda. Todo mientras se cogía a mi mejor amiga y se burlaba de mí.
El carro se movía entre el tráfico y yo solo veía rojo. Ya no sentía dolor. Sentía furia. Una furia helada, calculada, de arquitecta que sabe exactamente dónde golpear para que todo se derrumbe.
Nadie me humilla así. Nadie se ríe de mí a mis espaldas mientras me folla la vida.
Llegamos al aeropuerto y bajé sin decir una palabra más. El chófer asintió en silencio, entendiendo perfectamente que esto nunca había pasado.
Mientras caminaba hacia el counter para cambiar mi vuelo, ya estaba dibujando en mi mente los nuevos planos.
Esta vez no sería una relación bonita y colorida.
Esta vez sería una venganza bien diseñada.
Precisa, brutal y sin piedad.
Matthew y Katherine iban a descubrir muy pronto quién carajos es Mikhaela Style.