Todo fue una maldita locura, me cuelgo del tubo de la escalera de emergencia, entre mis pies y el suelo, hay al menos dos metros de distancia, puedo ver la luz azul y la luz roja, ambas deslumbrado mis ojos. Me cierto la camisa, y acomodo mi saco, aseguró el fajo de billetes dentro de este, peino mis cabellos con las manos, y camino cerca del lugar de mala muerte, cruzó la calle y me desplazó por la acera, enciendo un cigarrillo, por fortuna estos estaban bien resguardados en la bolsillo de mi saco. Me convierto en un patético idiota, esperando por saber que ocurre con la gente que esta aun adentro. Santino sale con las manos esposadas veo su sonrisa ladina y el lograr echarme una mirada, sus ojos son los de alguien que está acostumbrado a la mala fortuna, o en todo caso, a la fortuna

