Vivo en uno de los edificios más altos de la ciudad, eso no es algo que me emocione o que tenga relevancia, no hasta este momento, observo como el elevador, cambia su luz en cada piso por el que pasa, sé que no se abrirá hasta el piso y la entrada de mi departamento, pero con cada piso que subo, siento como el peso de la gravedad, cae sobre mis hombros, es estúpido lo sé, pero no solo es la gravedad, la que me encoje los hombros. Las puertas se abren y un sonido innecesario retumba en mis oídos y entonces al ver la oscuridad sé que estoy en el lugar de donde nunca tuve que haber salido. Mis ojos tratan de acostumbrarse al cambio de luz las puertas del elevador se cierran y solo entonces después de algunos segundos, enciendo las luces tenues del corredor. Estas se encienden un tras de o

