2.¿Cómo puedo confiar?

1571 Palabras
El camino hacia el lugar donde pasaría la semana con el hombre que la había comprado se le estaba haciendo largo. —¿Estás nerviosa? — le pregunto Ikal a Yelena. —No —respondió ella de inmediato—. Ya estoy acostumbrada. Además, usted es mi dueño toda esta semana. La respuesta de Yelena enfureció a Ikal al imaginar el infierno que ella tuvo que haber pasado todos esos meses en manos de esas malditas bestias. Pero todos ellos pagarían una vez llegaran a la casa de seguridad donde la pondría a salvo. El silencio retornó a envolverlos como si de un amante celoso se tratara. No importaba cuánto ella intentara mostrarse confiada y en control; su expresión corporal delataba y le hacía saber a Ikal que estaba mintiendo. —¿Me llevará fuera de la ciudad? — preguntó ella tras otra media hora de viaje —. Si es así, le recomiendo que no lo haga. El hecho de que hayan pagado por mí una semana no le da permiso de sacarme fuera de la ciudad. —¿Está preocupada por mí, señorita De Luca? Yelena se sorprendió al escuchar la forma en que ese hombre la llamó. —¿Quién eres? — preguntó ella, odiando que él siguiera con su antifaz puesto —. ¿Cómo sabes que yo... —Que te llamas Yelena De Luca. —Mi nombre es solo Yelena y nada más — contestó ella de manera brusca —. Mira, no sé quién eres, pero creo que lo mejor será que me lleves de regreso… —No puedo permitir que vuelvas — fue la respuesta que ella recibió del hombre. Yelena quiso insistir; sin embargo, le fue imposible hacerlo al detenerse el vehículo en el que viajaban y abrirse la puerta. —Por favor, baja — le pidió Ikal a Yelena, tras bajar del auto y extender su mano hacia ella. Ella, por supuesto, no deseaba bajar. No, si ese hombre era un enviado de su padre. En vez de sentir alivio, experimentaba un gran dolor y rencor. No sabía lo que haría si volviera a tener a su padre de frente. —No bajaré — dijo ella, rehusándose a tomar la mano del hombre. Ikal soltó un sonido gutural, parecido a un gruñido, inclinándose hacia ella para tomarla y sacarla del vehículo, incluso si era a la fuerza. Por supuesto, lo que el agente De Luca no esperaba era que su hermanastra fuera una fiera que le daría pelea antes de que pudiera sacarla del interior del auto. La intensa lucha entre Ikal y Yelena captó la atención de todos los agentes presentes en la casa de seguridad. Ninguno de ellos quiso perderse la oportunidad de presenciar cómo su serio y arrogante jefe se enfrentaba a la desafiante resistencia de una pequeña fiera de cabellos dorados. Ikal, acostumbrado a someter sin esfuerzo a cualquier persona, se encontraba en una situación inusual. A pesar de haberla sacado del vehículo y cargarla como si fuera un costal de azúcar, Yelena continuaba luchando con una tenacidad sorprendente. Incluso logró arrebatarle el antifaz que él había conservado durante toda la noche, permitiéndole ver claramente su determinación y fuerza en aquel forcejeo. —¿Podrías dejar de forcejear y calmarte? — bramó Ikal su pregunta, creyendo que eso la tranquilizaría. Muy tarde se dio cuenta de su error al pedirle a una mujer furiosa que se calmara. Yelena no solo no se calmó, sino que luchó y forcejeó con más fuerza, obligándolo a gritarle a uno de los agentes que abriera la puerta de la primera habitación de las tres que había en esa casa. La habitación estaba semi oscura, iluminada por la tenue luz de la luna que se colaba por la ventana abierta. Esta luz destacaba el camino hacia el centro de la habitación, donde se encontraba una gran cama king size. Ikal no dudó en aventar a la joven al centro de la cama y salir rápidamente de la habitación. No tardó mucho en escuchar cómo los puños de Yelena golpeaban la puerta. —Sácame de aquí, no quiero estar aquí. No quiero ver al maldito de Octavio De Luca — escuchó decir Ikal a la joven tras la puerta. —No verás a tu padre, pero por ahora necesito que te calmes y descanses — le dijo Ikal, tratando de mantener la calma. Tenía algo más importante que hacer que estar pendiente de ella, y lo supo en el momento en que apareció su hombre, llamado Giovanni, con un móvil en la mano. Ikal no tardó en tomar el móvil y contestar la llamada. —La operación ha sido un éxito — fue todo lo que dijo, dando las coordenadas del lugar donde se encontraban todos los integrantes de ese grupo de trata de blancas. —Sabía que no fracasaría. No importa si en ese grupo no se encuentra el señor Montelviere; ya tendremos tiempo para atraparlo — le dijo la persona al otro lado de la línea del teléfono. —Por eso no se preocupe, él se encontraba ahí. Es más, fue él mismo quien organizó esta noche la subasta. El jefe de Ikal De Luca se sorprendió al escuchar lo que había dicho. Si era así, no solo el ascenso de Ikal De Luca era un hecho, sino que con ese logro podría limpiar su nombre. Ser el hijastro de un hombre como Octavio De Luca no era favorable para la reputación de ningún agente. Desde la revelación de ese hecho, se cuestionaba la honorabilidad y el compromiso con la justicia de Ikal. Muchos sugerían que debía ser removido de su puesto y llevado a juicio bajo la acusación de ser un agente corrupto. La captura de un pez grande como lo era Greg Montelviere por parte de Ikal hacía que esas dudas perdieran peso. —Buen trabajo, hijo. Ahora deja que yo me haga cargo. Ocúpate de asegurar la cooperación de la señorita De Luca — le instruyó su jefe. Ikal colgó la llamada, reflexionando sobre las últimas palabras de su jefe. Durante un año, se había dedicado a la misión de encontrar a su hermana y asegurar su salvación. Para él, era incluso preferible que ella no supiera que había sido él quien la rescató. Sin embargo, las últimas palabras de su jefe no fueron simplemente una sugerencia, sino una orden implícita. Esto echaba por tierra todos sus planes de mantenerse alejado de ella. Por otro lado, Yelena se encontraba nerviosa, enfrentándose a una situación única en su experiencia. Si fuera una situación común, sentiría el peso de un hombre obeso y desagradable sobre ella, mientras simulaba disfrutarlo. La ansiedad de Yelena aumentaba con cada minuto que pasaba en esa habitación semi oscura. Sus pensamientos se entrelazaban con el temor de ver la puerta abrirse y enfrentarse a su padre, aquel ser desalmado que la había convertido en un mero objeto de intercambio para protegerse a sí mismo. Enfrentándose a esta situación inesperada, Yelena no podía evitar imaginar los diversos escenarios que podrían desarrollarse. No estaba preparada para enfrentar a su padre. Mientras tanto, Ikal lidiaba con el peso de las decisiones que lo obligaban a permanecer cerca de su hermanastra. Su deseo inicial de mantenerse en las sombras y permitirle una vida libre de su influencia se veía amenazado por la implícita orden de su jefe. La dualidad de sus deberes como agente y la conexión familiar lo dejaban en un dilema. Mientras pensaba sobre su pasado, Ikal notó a la mujer encargada de la limpieza con una bandeja de comida, dirigiéndose hacia la habitación donde Yelena descansaba. Aunque su deber era asegurar la cooperación de su hermanastra, la situación le resultaba incómoda, recordándole por qué había decidido alejarse en primer lugar. Aquellos años de separación habían sido su intento de encontrar su propio camino, lejos de las sombras de la mafia y de los oscuros secretos no solo de la familia, sino también los suyos propios. Sin embargo, ahora se encontraba nuevamente enredado en los asuntos que creía haber dejado atrás. En la habitación, Yelena, con la mirada perdida en la puerta, se estremeció al ver a la mujer entrar con la bandeja. La tensión en el aire era palpable, y la inquietud de Yelena aumentaba al imaginar cómo su padre podría estar manipulando las circunstancias. La mujer entró en silencio y colocó la bandeja de comida sin darle tiempo para hablar con ella. Sin embargo, la puerta se abrió de nuevo, y esta vez quien entró fue el hombre que la había comprado. —¿Cómo te sientes? —preguntó Ikal, intentando romper el incómodo silencio en la habitación. —¿Cómo te sentirías si fueras vendida a alguien, el cual ha sido enviado por tu padre que te entregó para salvar su propio pellejo? Dime, ¿cómo planea mi padre utilizarme en esta ocasión? —No he sido enviado por tu padre. —Si no lo has sido, ¿Cómo sabes mi nombre? —Por favor, confía en mí— le respondió él sin responder cómo sabía su nombre. —¿Es fácil para ti decirlo? ¿Cómo confiar en alguien que no muestra su rostro? —le dijo Yelena, señalando el antifaz que él se había colocado en la cara una vez más. Ikal la vio levantarse de la cama y caminar hacia él con el andar más sensual que hubiera visto en cualquier mujer.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR