10. Libertad.

1453 Palabras
Según la Real Academia Española (RAE), la libertad es la facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, siendo responsable de sus actos. También se refiere al estado o condición de quien no es esclavo. "Una definición fácil de entender para cualquier persona que no haya sido privada de su libertad", pensó Yelena, soltando un suspiro al recordar las palabras de Ikal hace unos días tras declarar y responder todas sus preguntas. —Eres libre —le dijo él antes de despedirse en el aeropuerto y enviarla a un "lugar seguro". Sí, tan libre como un gorrión en una gran jaula. ¿Cómo podría caminar por la calle sin sentirse en peligro? Yelena no sabía cómo luchar contra el miedo que le daba salir, imaginándose que en cualquier momento alguien la tomaría por detrás, le taparía la boca y la obligaría a entrar en cualquier vehículo. Además, aún estaba preocupada por Greg. No importaba lo que los agentes y el propio Ikal le hubieran dicho, ella no podía creerlo. Él no podía ser el jefe de esos hombres cuando ella lo había visto muchas veces siendo golpeado o tratado mal. Así que era imposible que él hubiera podido engañarla. En ese momento, Yelena se encontraba en un pequeño pueblo de Escocia, Amelie e Ikal eran los únicos que la visitaban cada fin de semana. Sin embargo, Yelena tenía razón en algo. Greg no estaba a salvo; seguía buscándola. Después de escapar de la redada, tuvo que esconderse entre los mendigos de la ciudad durante un par de semanas. Nadie lo buscaría ahí, y podía moverse fácilmente entre ellos. Antes de convertirse en el hombre más buscado por casi todas las agencias gubernamentales, Greg nació en la más absoluta pobreza, rodeado de adictos y traficantes. Su madre, una prostituta, lo exponía desde pequeño a escenas degradantes mientras atendía a sus amantes. Creció en ese entorno, lleno de violencia y abusos, hasta ir a la escuela y darse cuenta de que no todos vivían como él. El rencor creció en su interior, y se preguntaba por qué él debía sufrir. Su primer acto criminal fue contra el marido de su madre, a quien mató a sangre fría, golpeándolo hasta la muerte con un bate. El hombre ni siquiera supo qué le sucedió, muriendo frente al televisor. —¿Qué has hecho? —le preguntó su madre al despertar y ver la escena. Él la observó con una sonrisa perversa, sin responder, llevándola hasta donde yacía su marido. —A partir de ahora me perteneces. Yo seré quien controle con quién te acuestas y quien cobre el dinero. Ahora limpia la sangre mientras yo me deshago de este saco de huesos. Su madre fue la primera mujer que él vendió. Después, llevó a una chica que encontró en la calle, la salvó de ser violada y cuando supo que ella era virgen, no solo le proporcionó comida y la vistió, sino que también hizo que, al igual que su madre, trabajara para él. Ella fue su jade, la cual vendió por un par de miles de dólares. Salió del barrio pobre de la ciudad para mudarse a los suburbios. Su madre y la chica eran su principal fuente de ingresos, las tenía tan sometidas que para ellas otra vida lejos de él era impensable. A ellas se le sumaron otras chicas hasta que Greg fue sorprendido por quienes controlaban el territorio y tuvo que unirse a ellos. Fue tratado como un perro, haciéndole recordar sus días de niñez, hasta que demostró ser bueno en su trabajo. Él era quien conseguía más chicas, las mejores en realidad. Todas eran pequeñas joyas. Pero ninguna como lo fue Amelie o como lo era Yelena. Había perdido a Amelie, pero no perdería a Yelena. Tenía que encontrarla. No podía permitir que le robaran su preciada joya. ¿Pero cómo encontrarla? Había ido hasta el hotel donde estaría con el hombre, pero para su sorpresa, la reservación con ese hombre había sido cancelada justo en el momento que él ganó la subasta. —¿Qué mierda está pasando? —se preguntó frente al espejo de la habitación del motel, para luego soltar un puñetazo en el mismo, rompiendo no solo la superficie reflejante, sino también su mano. ¿Acaso Yelena lo había traicionado? No, ella no podía hacerle eso. Greg empezó a repasar en su mente todo lo ocurrido el día de la subasta. El dolor en sus nudillos le ayudaba a concentrarse mejor. Sobre todo, deseaba recordar todo lo posible sobre el hombre que había ganado la subasta esa noche. Había entrado de último momento, todo por la fuerte cantidad de dinero que presentó. —Sabía que había algo malo con él. De seguro era un maldito agente —Greg maldijo, abriendo y cerrando su mano para aumentar el dolor y concentrarse más. Un agente, y no uno cualquiera, sino uno que había ido por su joya más preciada, por su Hope. El ruido de las cosas del lavabo cayéndose al suelo y la mirada desquiciada y asesina de Greg habrían hecho temblar a cualquiera. Una sonrisa malvada y maquiavélica se dibujó en el rostro de Greg, la cual se hizo aún más grotesca a través del reflejo del espejo roto. Encontraría a Yelena, no importaba cómo, pero lo haría. No permitiría que nadie volviera a quitarle nada. Mientras tanto, en Escocia, lejos del infierno que había pasado en América, Yelena se encontraba en una cafetería, tras dar toda la información que le habían pedido y ver la información que le habían dado sobre Gregory Montelviere. Todavía no podía creerlo. ¿Cómo un hombre podría causar tanto daño y al mismo tiempo ser un ángel? Ella no podía creer que el mismo hombre que la reconfortaba y mimaba en el pasado era el mismo que la enviaba al mismo infierno con esos otros hombres. —Yelena —la voz de Amelie la sacó de sus divagaciones. Ella trató de sonreír, sin embargo, su intento fue en vano. En lugar de una sonrisa, fue una mueca la que adornó su bello rostro. —¿Te encuentras bien? —le preguntó de inmediato la psicóloga y ahora también su amiga. Yelena no respondió, simplemente movió su cabeza. —¿Qué es lo que te está molestando? —Todo, empezando por el saber que el hombre que yo creía que me ayudaba era el mismo que me mandaba cada noche al infierno en brazos de todos esos hombres. —Pero lo es —dijo Amelie, tratando de comportarse de manera profesional. Sin embargo, Yelena notó el tono enfadado con el que había contestado. —Amelie... —Lo siento, es solo que no puedo evitar verme reflejada en ti. Yo también... La mano de Amelie se apretó sobre la mesa en un puño, lo que hizo que Yelena llevara sus manos hacia las de la psicóloga. —Sé que crees que Greg era un ángel, pero no lo es. Es un narcisista, usa tus emociones en tu contra, te hace creer que es tu salvador mientras te va apresando, te va dejando sin esperanzas. Amelie soltó un suspiro pesado y miró a Yelena con una mezcla de compasión y determinación en sus ojos. —Yelena, entiendo lo que estás pasando. He visto a muchas personas atrapadas en relaciones tóxicas, manipuladas por individuos como Greg. Es difícil aceptarlo, pero es importante que lo veas con claridad. No eres la culpable de lo que te ha pasado. Él ha sabido cómo jugar con tus emociones y manipularte, pero ahora estás aquí, lejos de él, y tienes la oportunidad de reconstruir tu vida. Yelena asintió lentamente, sintiendo una mezcla de alivio y dolor al escuchar las palabras de Amelie. —¿Qué debo hacer ahora? —preguntó, con la voz apenas audible. Amelie le tomó las manos con suavidad. —Primero, debes cuidarte a ti misma. Busca apoyo en tus seres queridos, en profesionales que puedan ayudarte a sanar. No estás sola en esto, Yelena. Y juntas encontraremos la forma de superar este dolor y reconstruir tu vida. Yelena se sintió reconfortada por las palabras de Amelie. Sabía que el camino hacia la recuperación sería difícil, pero ahora tenía a Ikal que la apoyaba incondicionalmente. —Gracias, Amelie. No sé qué haría sin ti y sin mi hermano—dijo, con los ojos llenos de gratitud. —Estoy aquí para ti, Yelena. Siempre lo estaré —respondió Amelie, con una sonrisa cálida — y el agente De Luca no te dejará sola. Ambas sonrieron. —Bien, qué te parece si hacemos rabiar a mi hermano usando su tarjeta de crédito hace mucho que no salgo de compras.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR