ZACH.
Me imagino golpeando la cabeza contra la pared o desollando mi propio cuerpo después de lo que acabo de ver.
Finas curvas, mejillas rosadas, piernas largas.
“Joder”
No hizo falta mucho para que mi pene sintiera el poder que tiene sobre mi, se pavonea por las escaleras y yo intento, mierda juro por dios que intento no mirar pero es imposible.
Me paso una mano por el rostro suspirando lentamente.
-Va a matarme.
Hago uso de toda mi puta fuerza para no subir corriendo las escaleras y sacarla a rastras del puto baño.
“Maldita seas, Darling.”
Me levanto del sofá y salgo de la casa sin detenerme a pensar, desde el porche puedo ver a Amir es una estatua frente al auto inamovible hasta que de la orden.
Saco la cajetilla de cigarrillos y meto uno entre mis labios, inhalo con fuerza sintiendo como mis músculos se relajan, puede que mi mente estuviera vagando pensando en todas las cosas malas que le haría a Darling por eso no vi cuando Bradley bajo del auto con su enorme sonrisa y la culpa se desliza por mis extremidades hasta que quedo completamente derrotado.
“Es como tu hermano, es el hombre que te alimento, que te ayudo a ser quien mierda seas quien seas”
-Joder.- murmuro para mí mismo obligándome a sonreír todo lo que puedo a medida que Brad se acerca.
Su incomparable risa es la que me trae de regreso al presente recordándome porque es que estoy usando todo mi autocontrol cuando se trata de su hija.
Quizá debería decirle lo que pasó y dejar que me rompa la puta cara, pero ¿puedo? ¿Estoy dispuesto a perderlo por un error? Uno que definitivamente no volveré a cometer.
-Lamento el retraso.- estira el brazo envolviéndome los hombros arrastrándome dentro a mi infierno personal.- vamos, me muero de hambre.
***
Sus ojos permanecen en la película, cada vez que por error se cruzan con los míos se sonroja como un tomate y bueno… mentiría si eso no me provocara un poco de satisfacción.
Todos están demasiado asustados para prestarnos atención así que después de una cena incomoda con Brad recordando cada etapa de sus hijas desde que nacieron como si no hubiera estado ya dentro de una de ellas y eso no me estuviera comiendo las putas entrañas al fin puedo descansar.
Bebo mi cerveza en silencio mientras uno de los espejos en la película se rompe en mil pedazos las chicas brincan por la sorpresa, por un microsegundo aprecio la sonrisa de Asya, el tiempo parece detenerse y caigo en un bucle infinito repitiendo este momento una y otra vez.
“¿Qué carajo?”
Me atrapa mirándola y yo giro apretando la puta botella hasta que me duelen los nudillos.
No puedo pensar en nada hasta que la tortura que llaman película termina y me levanto de un salto listo para huir de esta escena de mierda.
-¿Te vas tío Zach?.- la dulce voz de esta maldita niña hace que me duelan las muelas de apretar los jodidos dientes.
-Los adultos tienen que trabajar, Darling.- su sobrenombre se desliza por mis labios como miel caliente.
-Oh, pensaba que podríamos hacer algo divertido.- no paso por alto el tono en el que lo dice, incitándome, lanzándome al precipicio mientras se muerde el labio y se pone de rodillas en el sofá brincando para que pueda ver sus tetas rebotando y si su padre no estuviera observándome, esperando mi respuesta se habría dado cuenta.
Contengo la respiración concentrándome en su rostro triunfante.
-¡Si! Vamos amigo, quédate un poco mas.- Brad me toma por los hombros y la culpa no deja de salir por mis poros.
“Joder, soy un maldito hombre muerto”
-Déjame enseñarte el álbum de fotos de las chicas.- Mi mejor amigo esta demasiado emocionado.
Mis ojos se dirigen directamente a Darling quien pierde el color casi de inmediato y es casi cómico como se asusta por lo que su padre me ofrece, así que solo para torturarla decido que me quedare.
“Ella lo pidió, ¿no es así?”
-¡NO!.- se levanta de un salto tomando a su padre de los hombros.- El tío Zach seguro esta ocupado, deberíamos dejarlo ir.
“El tío Zach, que malditamente considerada, joder”
-Solo una hora.- finjo que me rindo solo para burlarme de ella.
Si las miradas mataran yo estaría desangrándome en el suelo, estoy seguro.
Mi mejor amigo me arrastra y lo sigo con una sonrisa llena de satisfacción en el rostro, pasando a lado de Asya que se sonroja cuando mis dedos rozan los suyos por accidente.
Ella puede fingir todo lo que quiera, pero su maldito y delicioso cuerpo jamás.
“Y tu deberías dejar de pensar en ella, de jugar con ella maldita sea”
Es mucho mas que territorio prohibido y si tan solo lo hubiera sabido jamás la habría tocado. Me siento atrapado entre el odio y el enfermizo deseo una mezcla que me obliga a apretar los dientes hasta sentirlos crujir.
***
Meto el maldito cigarrillo entre mis labios, inhalando profundamente hasta que mis pulmones de llenan de humo y mi cuerpo se relaja.
¿Cómo voy a sacar de mi mente la imagen de Darling dando sus primeros pasos?
Joder, lo enfermo que es eso…
Lo mal que esta haberlas visto y todavía seguir pensando en como se siente su coño apretando mi polla.
“Ya basta, por el puto amor de dios”
No debí ver ese maldito álbum, porque ahora se lo feliz que era, lo mucho que su padre la ama y lo alejado que debería mantenerme.
“Necesito un trago”
Termino el cigarrillo pisando la colilla con mis zapatos, solo para que al girarme encuentre a la mentirosa Darling envuelta en una manta con sus malditas pantuflas de una rata color café.
-¿Qué demonios estas usando?.- suelto con furia.
Se mira los pies y sonríe.
-Son capibaras.
-Son unas ratas horribles.
Se ríe, el sonido es agudo y deprimente, pero me provoca un tic en la cien.
-Como sea, ¿estas feliz ahora que descubriste que mientras te metías drogas por el culo yo estaba columpiándome con mis listones de colores?
“Mierda, es mas lista de lo que creía”
-Nunca me he metido nada en el culo, niña.
-¿Ah no? Porque parece que tienes atravesado un palo, siempre estas de mal humor tío.
“Tío, tío, tío…”
-Solo estoy de mal humor cuando te veo, nada personal, nunca he sido buena niñera.
Vuelve a reírse.
-Si, quizá no puedes entretener a las niñas como yo.
Suelta la manta y tiembla un poco provocándose piel de gallina.
Puedo luchar contra ella, pero han sido demasiadas emociones por hoy, solo quiero volver a casa, tomar un trago y maldecirme por estar obsesionado por un coño joven que resulta ser la hija de mi mejor amigo.
-Vuelve dentro niña, me voy.- paso a su lado solo para entrar a la casa y salir por la puerta principal cuando su mano se enreda en la mía.
-No puedes huir de mí, tío Zach.- susurra, tan cerca que puedo sentir su aliento rozando mi cuello.- Yo… no te dejaré.
Eso me hace detenerme en seco. Mi mandíbula se tensa, y por un instante me siento al borde de explotar.
“Maldita seas”
gruño, arrebatándole la mano, aunque sé que es inútil. Cada palabra suya me quema, me enfurece y me vuelve loco al mismo tiempo.
Ella sonríe, triunfante, y da un último paso acercándose aún más, dejando que su mano roce la mía apenas un instante. Solo un toque, pero suficiente para hacerme sentir que estoy perdiendo todo el control.
“¿Cómo es eso posible?”
-Te estaré esperando… - murmura con un tono que mezcla desafío y provocación, y luego se retira con un giro que me deja mirando cómo desaparece por el pasillo hasta desaparecer.
Me quedo allí, rígido, respirando con dificultad, los puños apretados y la rabia quemándome por dentro. Odio a la pequeña mimada de mierda… pero juro que la deseo más de lo que debería.
Y mientras cierro los ojos y trato de ordenar mis pensamientos, sé que esta noche no dormiré. Darling ganó esta batalla… pero yo no he dicho mi última palabra.