ASYA.
Bajo las escaleras a toda velocidad, joder.
Mi móvil esta estallando en llamadas mientras yo estaba tomando un baño, la ansiedad se clava en mi garganta con enormes garras arrastrando hacia abajo.
Mi mano húmeda se resbala del barandal y mi pie apenas es capaz de alcanzar el ultimo escalón, cuando tomo mi móvil ni siquiera me molesto en revisar de quien se trata simplemente respondo.
-¿Hola?
-Darling soy papá.- Suspiro aliviada
-Hola papá, ¿Qué pasa?
El ruido de la maquinaria de construcción lo obligan a gritar y tengo que alejarme el móvil porque va a romperme los tímpanos.
-Zach estará en casa esta tarde, es solo para que no te sorprendas, pídele que me espere, esto esta tardando mucho mas de lo que creí.
Hace años que mi padre pudo dejar el negocio, después de la muerte de mama el negocio creció como la espuma, ¿y como no iba a hacerlo? Si pasaba todo su tiempo ahí, buscando desesperado una manera de salir del pozo sin fondo en el que lo dejo su muerte.
-Demasiado tarde.- la voz gruesa y profunda envían un escalofrío hasta el núcleo de mi cuerpo, no tenia frío, hasta ahora.
Mi mente se apaga con ese pequeño interruptor de deseo.
-Gracias por el aviso.- digo irónicamente girándome sobre mis húmedos talones.
La intensidad de sus ojos hermosamente azules me recorre, puedo sentir el charco debajo de mis pies y no estoy segura de que se trate del agua de la ducha.
-Ese imbecil, ¿esta en casa?.- escucho las palabras de papá, pero mi cerebro solo registra cada moviendo de Zach, sus manos encendiendo el mechero, sus labios succionando el tabaco su lengua acariciando su labio inferior…- ¿Asya estas ahí?
Me aclaro la garganta e intento que el calor me abandone, obviamente fracaso porque parezco una adolescente cachonda.
-Si, si. Gracias por avisarme papá, nos vemos esta noche.- no le quito los ojos de encima, tengo miedo de que salte sobre mi cabeza o tal vez mi verdadero miedo es que no haga nada en absoluto porque puedo sentir como a sangre crepita en mi interior.
“Debo ser una enferma mental”
-¡Te amo bebé!
-Yo también papá.
Presiono colgar y me tomo un segundo para respirar o juro por dios que moriré aquí mismo de ansiedad, un ataque al corazón o esta maldita lujuria vergonzosa.
-No puedes fumar aquí dentro, tío Zach.- enfatizó esas últimas dos palabras e intento fingir que mi coño no arde por él y que mi mente no registra cada detalle de su rostro, el cabello n***o lo suficientemente rebelde para gustar pero no para verse desalineado o e destello de sus ojos un dorado hermoso, tampoco esa barba incipiente que lo hace ver taaaaaan caliente, ni esa camisa apretándose a sus brazos o los malditos pantalones ansiosos de mostrarme lo que hay debajo.
Su risa raposa me obliga a sujetarme de la encimera, hasta que mis nudillos están blancos y transpiro de nerviosismo.
-Parece que tienes frío.- sus ojos bajan hasta mis malditas tetas y se detienen un momento para disfrutar el espectáculo, mis pezones se endurecen y puede verlos a través de la toalla, me cubro con el brazo sin querer hacerlo, sino todo lo contrario.
-Te ves como un enfermo.- susurro porque parece que perdí la voz.
Cruza la pierna sobre su rodilla y se relaja en mi sofá mirándome a los ojos, siento que me despelleja, me destripa hasta que puede ver mis sentimientos y los guarda detrás de una vitrina en donde también colecciona los de otras mujeres como trofeos.
Zach me hace sentir desnuda, es decir, lo estoy justo ahora, pero es diferente, puede verme como nadie mas lo hace y me aterra.
-Enfermo sería que te hiciera gatear hasta aquí, te obligara a quitarte esa toalla y te obligara a masturbarte frente a mi, te pediría que te probaras porque sabes como un puto bocadillo exótico, tan delicioso que no puedo compartir con nadie, aquí mismo en donde tu padre te cargaba cuando eras una niña pequeña, luego si estoy satisfecho con tu trabajo te haría abrir la boca y metería mi polla tan profunda que la próxima vez que tragues algo te corras de solo recordar lo bien que te folle.
Suelto un jadeo, para mi desgracia no es de sorpresa, sino todo lo contrario.
Puro y crudo deseo como la primera vez que lo vi.
-Pero eso no estaría bien, porque soy tu tío, ¿verdad Darling?
“Imbecil, imbecil, imbecil”
Acaba de usar en mi contra mis palabras.
Mi mente da vueltas y es obvio que la humedad que ahora se agolpa entre mis piernas no es por la ducha, este hombre tiene una voz moja bragas, eso será un problema si sigue viniendo aquí.
Lo cual sucederá porque ¡sorpresa! Es el mejor y probablemente único amigo de papá.
Creo que eso es lo que me devuelve a la realidad así que me doy la vuelta, caminando directamente a las escaleras.
Estoy molesta joder, estoy enojada por las cosas que genera en mi cuerpo, decido que no responderé a sus provocaciones, al menos no con palabras porque la voz mezquina en mi cabeza no se calla, grita que me defienda y me obliga a soltarme la toalla.
De espaldas a él, giro la cabeza para que pueda ver mi perfil y sonrío como una depravada.
“Esto va a meterte en muchos problemas Darling”
La vocecita de la razón en mi mente esta negando con furia justo ahora, porque lo sé, no debería quitarle nada mas a mi papá, lo amo con todo mi corazón, él mi hermana y Odette son mi familia y todo lo que tengo, pero… ¿Cómo podría dejarlo salirse con la suya? Es la clase de hombre al que nadie enfrenta y yo deseo que se retuerza.
Solo por y para mi diversión.
-Ups, ha sido un accidente.- arrastro la toalla por el suelo y subo lentamente las escaleras, estoy segura de que puedo escuchar su mandíbula rechinar o tal vez esta rompiendo sus nudillos.
No fue lo mas inteligente que pude haber hecho sin duda, pero la satisfacción de no ceder ante el dios de la belleza y ya sabes… el sexo… levanta un poco mi pisoteada autoestima.
El valor solo me dura unos segundos porque en cuanto lo pierdo de vista me cubro con la maldita toalla y me encierro en el baño, puedo sentir como mi corazón desea huir de mi pecho y bajar para que se lo follen hasta que deje de latir.
“De verdad necesito sacármelo de la mente”
El dilema es; ¿es eso posible?
Parece que estoy intoxicada de Zachary y su extraño y varonil encanto.
“Quizá hablar de encanto es demasiado”
Es todo lo contrario, no el príncipe encantador.
Sino el villano que destruye todo lo que toca.
Yo soy el claro ejemplo.