Era la tercera vez que sonaba la alarma de su celular. Era de mañana y Hilal sabía que tenía que levantarse para enfrentar al mundo, pero la culpa no lo dejaba moverse y se arrepentía de lo que había hecho el día anterior con Amelia. Sin deseos de ver a la chica, volvió a cerrar los ojos. Sin embargo, la alarma sonó por cuarta vez y no tuvo más remedio que levantarse con un quejido sabiendo que si se quedaba más tiempo en la cama, su madre se preocuparía y lo interrogaría hasta saber lo que le sucedía. Sin ánimos se encaminó hacia la ducha arrastrando los pies. Por fortuna, el agua fría lo despertó casi por completo, así que se apuró para irse al colegio. ***** Una hora después, el transporte público lo dejó frente a la escuela y lo primero que vio fue a Alejandro en la entrada

